lunes, 25 de enero de 2021

Antología de mis Amores Perdidos

 Capitulo ¿?

Adrián y Ana

 

Después de mí altercado en mi trabajo, no sabía si sería despedido o no, había pasado muchos años trabajando en el proyecto que estaban a punto de arrebatarme, busque mil maneras de resolver ese problema en el que me había metido, pero no éxito, sus abogados eran buenos, el mañoso contrato que me habían hecho firmar sin tener la oportunidad de analizarlo por completo me había hecho caer en esa maldita jugarreta.

El reloj de la pared de mi cuarto estaba a punto de marcar las cinco de la mañana, me encontraba en mi departamento en Santa Fe Ciudad de México, había dormido poco, pero lo suficiente para no sentirme fatigado, disfrute plenamente de la madrugada fría, mientras observaba el techo buscando crear figuras en el tirol para distraer mi mente. Todo se encontraba en silencio levemente interrumpido por destellos de luz que entraban por la ventana, me cubrí con una de las sabanas de la cama, inhalé mucho oxígeno para después soltarlo y relajar mi cuerpo.

Voltee hacia la ventana de mi cuarto la cual carecía de una cortina, podía observar gran parte de la ciudad desde el noveno piso, ya que me encontraba en una zona muy elevada, aunque no podía definir donde terminaba la civilización y donde las montañas.

Me levante y observe atentamente como muchos automóviles se aglomeraban a lo lejos por el semáforo, a pesar de ser fin de semana el movimiento nunca de ausentaba por completo., me dirigí hacia el baño y comencé a quitarme la ropa dejándola en el suelo.

Me fui directo a la regadera giré la perilla del agua caliente y esta salió al instante, también abrí un poco la fría para llegar a la temperatura ideal. Mientras empapaba mi cuerpo, deje por un instante que mis problemas se fueran por el drenaje, una vez que termine de asearme, salí hacia mi cuarto y me cambie de ropa, vistiéndome con uno de mis trajes de color azul marino engalanado con una corbata de color gris con franjas negras., mis zapatos pulcramente lustrados acompañaron mi estampa.

Tome algunas de mis cosas, como mi cartera y mi reloj para dirigirme al estacionamiento del edificio, saque las llaves de mi auto y una vez dentro arranque para irme a Puebla, no tenía ganas de estar en la ciudad, mi cabeza se haría un lio con todo lo que había pasado, tome la autopista y por la hora el tráfico era casi inexistente, me permitió abandonar la ciudad en poco menos de media hora.

Amaneció lentamente mientras conducía en la carretera, los primeros rayos del sol eran muy intensos, se abrían paso entre los espesos nubarrones, para iluminar las montañas a lo lejos, esos rayos dorados empezarían a nutrir a la naturaleza, y así un nuevo día iniciaba.

Eso era lo que yo necesitaba, volver a nutrirme para empezar de nuevo, y dejar fluir las ideas, mi alma se encontraba completamente perturbada por la ciudad y el trabajo, las cosas no habían salido muy bien últimamente, pero si lograba pasar un fin de semana fuera de ello, regresaría siendo otro o al menos eso es lo que yo esperaba.

Cuando amaneció por completo, el camino se veía limpio en la carretera México / Tuxpan y pase a un lado de la caseta que se dirigía hacia la capital del estado de Puebla, donde ella seguramente vivía.

A mi mente llegaron muchos recuerdas de aquel ayer donde pasamos momentos y aventuras únicas, aunque también con una dosis de amargura, al no concretar ninguno de nuestros planes, ya que en algún momento le dije que yo sería escritor, y ya a mis treinta años había dejado de lado mi sueño cambiándolo por la estabilidad de un sueldo y de la comodidad de mi carrera, siempre lo pensé como otra forma de expresar mis gustos, al escribir código, estaba escribiendo y eso me daba cierto descanso mental.

Llegue aproximadamente a Huauchinango a las diez treinta de la mañana, me dirigí a la casa de mi madre, ella no estaba en la ciudad, había salido con su esposo y mi hermano al norte de México, regresaría en un par de semanas más tarde, ellos no sabían nada acerca de los problemas que me estaban consumiendo.

Estacione el coche frente a la casa, algunos de los vecinos al escuchar el vehículo se asomaron por las ventanas haciendo a un lado las cortinas, le di muy poca importancia, tome las llaves y abrí la puerta principal, al momento despidió un olor a encerrado, no apestaba, pero si fue un poco incómodo.

Todo estaba como siempre, la televisión, la sala y el comedor en la primera planta, me dirigí hacia el refrigerador, tenía bastante hambre, había algunos encurtidos y también pan, decidí prepararme un sándwich para mitigar el hambre, tome el desayuno abriendo uno de los muchos cartones de leche nuevos que guardaban en la despensa.

Respire profundamente y por un momento fue como ser niño otra vez, me vi a mi mismo corriendo por los pasillos de esa casa, que en un principio solo tenía un piso, y dos cuartos, fue uno de los obsequios de mi abuelo, cuando estaba vivo, a él le gustaba llegar los primeros días del mes para compartir su pensión con nosotros, yo encantado iba a comprar con él la despensa y por la tarde regresábamos repletos de comida, para que mi madre los cocinara junto con mi abuela, a él le gustaba consentirme y me compraba una bolsa llena de las galletas de animalitos, en mi edad actual, esa galletas nunca me sabían tan bien como cuando él me las regalaba.

Cuando termine de comer, lave los platos y subí a la segunda planta, mi cuarto también parecía inamovible, mis recuerdos, algunos de mis juguetes adornando las estanterías, estaban presentes, abrí las ventanas para que el olor se fuera, me recosté en mi cama y todo fue tan placido que, sin darme cuenta, me quede profundamente dormido.

Mi sueño fue bastante horrible, puesto que me encontraba debajo de una enorme piedra que poco a poco me estaba triturando los huesos, intente levantarla, pero era inútil, observe a lo lejos la silueta de una mujer que se alejaba cada vez más, mi sueño cambio abruptamente al momento en que me dijeron que tenía que abandonar la empresa, iba a quedarme sin empleo y también sin los beneficios de mis descubrimientos, todo este tiempo había sido utilizado por ellos.

Desperté poco después, cerré las ventanas y salí de la casa hacia el centro intentando escapar de mi propia mente, no tarde mucho en llega la ciudad era bastante pequeña en comparación de ciudad de México, todo era bastante similar a mi niñez y parte de mi adolescencia, las fachadas aunque de un color distinto seguían conservando la ambientación de un pueblo de los setentas.

Al estar en la sierra madre oriental, el aire era muy puro y húmedo, esa tarde me refresco bastante, algunas personas se me quedaban mirando por mi vestimenta, quien iba a pensar, que un niño humilde que vivía en una casa de madera deteriorada ahora conducía un Chevrolet Cavalier del año además de tener una cuantiosa cuenta en el banco ahora volvía a sus raíces. Aunque nada de eso me hacía completamente feliz, me había alejado de todo y de todos, a excepción de mi familia, viviendo una vida vacía y sin satisfacciones, no es que no supiera como salir del plagio de mis inventos, sino que simplemente no quería hacerlo.

Me dirigí al jardín dejé el carro aparcado en un estacionamiento del centro, y pude ver la parvada de palomas que revoloteaban entre la explanada y el jardín, frente al honorable ayuntamiento de la ciudad, cada aleteo me recordaba como de pequeño me dedicaba a espantar a las palomas para que estas emprendieran el vuelo lejos de mí, corriendo feliz por todos lados para cansarme, no necesitaba dinero, ni mucho menos un carro, solo era feliz en mi pequeño e inocente mundo.

Pude apreciar que muchos de mis ex compañeros de escuela primaria, secundaria y bachilleres habían optado por una vida más tranquila y ahora atendía puestos de comida, o algunos locales donde vendían diferentes cosas, de entre ellos había una mujer a la que reconocí rápidamente, llamada Rosario la cual en algún momento me había tratado muy mal e incluso llego a decirme que no lograría nada en la vida, ella no me reconoció, llevaba lentes obscuros y el cabello peinado de manera estrafalaria además de una portentosa barba y bigote.

-Buenas tardes, disculpe ¿Tiene una nieve de queso? – Ella abrió grandes los ojos al verme, note por un instante que aprecio con su nariz la esencia de mi colonia, llenando sus pulmones y termino encantada.

-Hola Joven, si tengo – Sonrió la chica –Además de piña, coco, vainilla, fresa, aguacate, beso de ángel, nuez y grosella, si gusta le puedo hacer una combinada.

Habían pasado aproximadamente quince años en los cuales yo no lo había visto, el tiempo no había benévolo con todos, los años había hecho merma en su piel y su figura, aunque conservaba una buena actitud, uno de sus hijos le jalaba el delantal que llevaba puesto pidiéndole algo de comer.

-Espera a que termine de atender al joven mijito – Vocifero mi ex compañera con un poco de molestia, su hijo no parecía tener no más de cinco años.

Pedí un cono de dos bolas y con un barquillo de galleta, y ella lo sirvió gustosa, al poco tiempo apareció un hombre rechoncho que me miro con recelo y de forma altanera, no dijo ni una palabra, pero su expresión dejo muy en claro su disgusto.

-¿Cuánto va a ser? – Recibí el cono de nieve.

-Son cuarenta pesos señor – Dijo aquella mujer, mientras que su compañero cargo al niño y este lo llamo papá.

Pague y me despedí con una sonrisa para ambos, la reacción fue la misma que hace unos momentos, no le di demasiada importancia y me dirigí a una de las muchas bancas de metal alrededor del jardín, muy cerca del quiosco, a causa del calor me quite el saco y remangue las mangas de la camiza, empecé a comer ese helado, observe a unos niños de la secundaria que caminaban por ahí en grupo, entre ellos había una niña bastante guapa y me recordó a esa chica y en especial a nuestra última conversación.

-¿De verdad aceptaste ser su novia?

-Sí, ¿Por qué no? El me gusta mucho.

-Pero es un idiota, ni siquiera sabe deletrear su nombre – Ella se molestó tras mi comentario.

- ¿Me estás diciendo estúpida? - Me clavo la mirada con algo de desprecio e ira.

-Claro que no, el estúpido es él – Replique ante aquellas actitudes.

- ¿Crees que eres mejor? ¿Por qué lo serias? Últimamente te portas grosero y también muy arrogante, ¿solo por qué eres inteligente? O ¿Por qué quieres demostrar a toda costa que eres mejor? – Su respuesta fueron una serie de preguntas recriminando mi actuar.

-No lo dudo, soy mejor que él, soy quien realmente te haría feliz, quien podría tratarte como ningún otro chico te ha tratado, lo único que harás a su lado es sufrir, ¿Qué no te das cuenta? – El tono de mi voz empezaba a elevarse violentamente.

-En el corazón no se manda, es algo que debes de entender, si yo no siento más que un cariño de amigos hacia ti, debes aceptarlo…

-¿Es porque no soy tan apuesto como él? ¿Es por eso? Si fuera guapo ¿estarías conmigo? – Mi ira se estaba apoderando de mí.

-Cuando entiendas las preguntas que me haces, será cuando volvamos a hablar, si tú piensas que es por belleza, quiere decir que nunca me conociste.

-En ese caso, creo que… No tenemos nada más que hablar – Le respondí con mi ira al borde del colapso.

-No esperaba eso… - Se sorprendió por mis últimas palabras., pero yo también podía decidir no estar ahí.

-Yo tampoco – No volvimos a vernos.

Suspire por ese recuerdo, de ese muchacho al cual ya no le quedaba casi nada, más que su inteligencia para resolver problemas, sin darme cuenta ya me estaba comiendo la galleta de la nieve, mis dedos quedaron algo manchados por el dulce que se había derretido, rápidamente busque una servilleta, sin mucha suerte.

- ¿No has cambiado en nada verdad Adrián? – Levante lentamente mi rostro y era ella.

-Creo que me conoces Ana… - Ambos seriemos al volver a vernos.

 

Capitulo ¿?

De aquí en adelante.

 

Hace quince años que no la veía, desde ese momento había cerrado mis emociones, hasta que conocí a Eluzai y todo mi mundo se puso de cabeza, ahora era un hombre completamente distinto podría decir que frio y calculador con quien lo merecía o eso era a mi parecer, aunque no estaba seguro que los demás me vieran mejor o peor que eso, pero encontrarme de nuevo con Ana, era una sorpresa muy agradable.

Saque una cajetilla de cigarros, tome uno para empezar a fumar, mientras ella me veía algo sorprendida.

-¿Ahora fumas? – Me lo dijo con un semblante inquisidor.

-Claro, las cosas han cambiado mucho, lo único que no, es el recuerdo que tengo de ti – Respondí con el cigarro en los labios

-No ha de ser uno muy bueno, supongo… - Desvió la mirada hacia un lado, y después regreso a mí.

-Es muy bueno te lo aseguro, ven siéntate conmigo – Me hice a un lado para que estuviéramos cómodos - ¿Qué te trae por aquí? Hacía años que no te veía.

-Lo típico, la familia, vinimos a visitar a mis padres.

-Oh es cierto, ya tiene mucho tiempo que te casaste, ¿Estas con tu esposo? – Ella enmudeció por un momento, y después respondió.

-Mi esposo… se quedó en casa, no le gusta venir a esta ciudad, es bastante especial en ese sentido.

-Entiendo, entonces solo viniste con tus hijos, creo que es algo lindo, aquí es muy bonito, yo también tenía mucho tiempo sin visitar la casa de mi madre. Me da muchísimo gusto verte – Le dedique una cálida sonrisa, y ella se ruborizo un poco.

-¿En verdad eres tú? ¿Dónde está ese jovencito enérgico y explosivo? – Ella lo dijo de forma irónica, pero lo permití, también la última pregunta la hizo con un tono burlan.

-Se quedó en ciudad de México, no lo deje venir – El hielo se estaba rompiendo, mientras platicábamos pude notar, que ella había cambiado muy poco, su piel seguía siendo clara, y sus ojos ahora se veían más maduros, su cabello largo lacio y muy bien peinado, sus facciones eran finas y hasta cierto punto inocentes, no era una mujer muy alta, lo cual le daba la apariencia de una longeva juventud.

Vestía con una blusa de color negro casi escotada y unos pantalones de mezclilla azules, y zapatos con un tacón pequeño, sus antebrazos quedaban al descubierto y se adornaban con una pulsera en la mano derecha y un reloj en la izquierda.

-¿Aun la conservas? – Pregunte, mientras observaba la pulsera, pero ella respondió con otra pregunta.

-¿Por qué no habría de hacerlo? Alguien especial me la obsequio.

-Supongo que esa era la intención, pero me alegra que la tengas, es el símbolo de nuestra amistad.

Hace muchos años, le había tejido esa pulsera, tenía hilos de diferentes colores los cuales resaltaban en su muñeca por su color de piel.

- ¿Tu qué haces aquí Adri? – Así me llamaba, lo cual nunca termino de agradarme.

-Decidí tomarme unas vacaciones forzosas, ahora estoy desempleado y no quería estar en la capital.

-¿Enserio? Que mal Adri., no me fascina escuchar eso, pero si necesitas algo estaré un par de días, igual podría servirte para platicar un rato.

-No te preocupes, eso es algo que pasaría tarde o temprano, ahora solo quiero descansar, y replantearme las cosas para buscar un trabajo., o tal vez de dedicarme a la escritura, ya que la tengo muy abandonada.

-Eso me agrada mucho de ti, nunca te rindes., por eso te admiraba en la secundaria – Inconscientemente hice un gesto de ironía. – ¿No me crees? Veo que aun eres algo pesadito niño.

-No lo tomes a mal, es solo que la última vez que hablamos, no terminamos muy bien, y que me digas que me admirabas, me hace sentir que me perdí de algunas cosas.

-Bueno, no quería decírtelo porque te habría hecho más mal que bien, habría sido como alimentar más tus sentimientos, y eso… - la interrumpí.

-No pasa nada, créeme que te entiendo, gracias por decírmelo, viniendo de ti vale muchísimo, algo que he de reconocerte, es que nunca fuiste una mentirosa, decías las cosas por duras que fueran, eso a mí también me gustaba de ti.

-A veces era muy imprudente, pero ahora procuro no serlo tanto.

-Yo creo que, ambos nos hemos pulido en todos estos años, tu viviendo tu vida, yo enfrentándome al mundo, cada uno desde su perspectiva, pero me doy cuenta que tus ojos siguen siendo, con perdón de lo que diré, “Muy bellos”.

-Gracias… hacia mucho que no escuchaba esas palabras- La incertidumbre nos abordó, por un lado, yo quería halagar a mi ex compañera, pero por otra, a veces el imprudente era yo.

-Y yo, hacía mucho que no las decía – Mientras hablábamos, apague el cigarro, ya no me apetecía fumar, no lo hacía muy seguido, pero de vez en cuando me relajaba.

-Tú también has cambiado, mírate eres un hombresote, tu esposa no te ha de dejar ni a sol ni a sombra.

-No estoy casado, y de parejas bueno mejor no hablemos, mejor dime, ¿Trabajas?

-Sí y no, veras tengo un negocio en la capital del estado, eso me permite estar con mis hijos y atenderlos, mientras genero algo de dinero, a ti se te ve que te ha ido bien en ciudad de México – Todo eso me saco una sonrisa.

-Como dirías tú, sí y no., hace dos días fui despedido de mi trabajo como ya te mencioné, hubo fuga de información, y todos creen que yo lo hice, aunque no tienen manera de culparme, por eso no pueden proceder legalmente, y como en un tiempo me negué a trabajar en cierto proyecto, pues mejor me dieron las gracias., lo que peleo ahora son unas patentes, aunque no están dispuestos a dármelas, probablemente me quede en la calle.

-Se oye complicado, pero bueno tu siempre fuiste bueno para la escuela, seguramente encontraras la manera de resolverlo, “Siempre puedes”.

Sus últimas palabras resonaron en el interior de mi mente, como una fuerte bofetada en la cara, de todos los problemas que había tenido en la vida los había superado uno a uno, desde enfermedades, hasta conflictos sociales y laborales, mi secreto era, que daba por hecho que podría hacerlo y así lo hacía.

-Gracias Ana, de verdad – Suavemente tome su mano y acaricie su dorso, ella lo permitió e hizo lo mismo.

-¡Ay! Adri, tu puedes no importa la dificultad, si algo me enseñaste fue a nunca rendirme y a seguir adelante.

-Créeme que así lo hare o eso intentare– Cuando dije esas palabras un mechón de su pelo, se despeino, y yo lo acomode y suavemente tome uno de sus mejillas entre mis dedos índice y pulgar.

-¡Hey! No seas así, trátame con cariño.

-Siempre quise hacer eso – Ambos empezamos a reír como unos pequeños niños.

La gente iba y venía, algunos curiosos nos miraban de reojo, pude notar algunas caras conocidas viéndonos con injuria, así que alinee mi postura y deje de tomarle la mano y tocarla.

-¿Te gustaría que nos fuéramos de aquí?– Ella se empezó a sentir extraña.

-Si… vamos – Nos dirigimos al estacionamiento, sacamos mi coche y me dirigí hacia la carretera principal.

Ambos nos quedamos callados unos momentos, encendí el aire acondicionado para refrescar.

-Si quieres reclinarlo, la palanca está a un lado del asiento.

-Gracias, tu coche es muy bonito.

-Qué bueno que te gusté, nunca creí que te subirías a él, las coincidencias ocurren – Permanecimos un instante en silencio y ella lo rompió.

-Adri… ¿de verdad no me guardas rencor?

-¿Por qué debería? Digo no es como que me engañaras, o como dices alimentaras un sentimiento en mí, tarde en asimilarlo, pero al final, entendí lo mal que estaba actuando, no debí ponerte a escoger entre el o yo, porque solo estaba viendo mis sentimientos y no los tuyos, y creo que tu querías estar con él, al menos en esos instantes, luego me aleje porque no me sentía bien a tu lado., pero créeme que nunca desee tu mal.

-Sabes que yo te quería mucho, pero no de la forma en que tu deseabas., a veces el corazón es loco, y también se equivoca, aunque… siempre me pregunte como habría sido salir contigo.

-En aquel momento, pues no sé, supongo que una relación muy inmadura., aunque bueno tal vez habría querido darte todo lo que yo creía que era amor.

-¿Te imaginas? Tal vez hubiéramos terminado juntos y con muchos hijos – Ella empezó a reír.

-También tendríamos un perro, siempre he querido uno.

-Y un gato.

-Y saldríamos a pasear con los hijos vestidos de manera similar, para que vean que somos una familia.

-Estás loco Adrián – Ambos moríamos de la risa.

-Soñar no cuesta nada Mari, pero bueno casi llegamos al mirador, ¿no hay problema de que te robe un par de horas?

-No te preocupes, mis padres están con sus nietos, y van a querer que se los deje el mayor tiempo posible, si pasa algo pueden llamarme al celular.

Detuve el vehículo en el mirador, había muy pocas personas haciendo días de campo, se podía apreciar toda la ciudad e incluso se podía ver la presa, no nos bajamos del coche.

-Pero ya enserio Ana, ¿De verdad estas bien?

-Sí, ¿Por qué lo preguntas?

-Te noto un poco triste, sé que no nos hemos visto durante mucho tiempo, pero aún se cuándo no te sientes bien.

-Jamás dejaras de ser un sabelotodo ¿cierto? – Frunció ligeramente el ceño.

-Yo lo llamaría empatía, cuando éramos unos puertos, haya por inicios del dos mil, siempre reaccionabas de manera pasiva a tus problemas, eventualmente me los contabas, pero ahora siento que quisieras explotar, de verdad, confía en mi – Puse mi mano en su hombro en señal de solidaridad.

Guardo silencio por un momento y luego sonrió, articulo una sonrisa parecida a una mueca.

-Voy a parecer disco rayado pero, hace mucho que no me preguntaban eso de manera tan sincera – Tenia atoradas las palabras en la garganta, pero algo la detenía.

-Creo que no es el momento de hablar de eso Adri, no quiero abrumarte con mis problemas.

-Lo entiendo, disculpa por ser imprudente, créeme que solo quiero ayudarte, tal vez podría hacerte sentir un poco mejor.

-Mejor cuéntame de ti, ¿Por qué te despidieron?

-La versión corta es, confié en las personas equivocadas, firme documentos donde estoy prácticamente cediendo mis derechos, y ahora son suyos, cuando me entere me sentí completamente apaleado, quise buscar venganza, pero la realidad es que no sé qué podría hacerles, lo único que se me ocurre es competir con ellos, pero no le veo el caso, y ahora me están bloqueando otros sitios para trabajar.

-Y tu novia, ¿No te apoyo?

-No existe tal novia, o pareja de hecho ella fue así decirlo, quien me hizo ceder mis derechos, me duele más su traición que todo lo que me quitaron, mi confianza quedo rota – Toda esa historia la narraba con mucho pesar y tristeza.

-¡Ay! Adri, lamento escuchar eso – Como yo ella puso su mano izquierda en mi hombro en señal de apoyo.

-Pero bueno, esto solo es momentáneo, encontrare la forma de darle la vuelta a este problema, y después todo volverá a estar bien, o al menos a eso aspiro.

-Lo sé, eres muy tenaz – su rostro se volvió muy cándido, y cerró los ojos demostrando su confianza en mis palabras, yo volví a agarrar una de sus mejillas.

- ¡Ay! Eso no se hace malvado, yo tendré que hacer lo mismo.

Como si fuésemos un par de niños, empezamos a hacernos cosquillas, y a pellizcarnos las mejillas de manera tierna e inocente, yo no me dejaba y ella tampoco, en ese momento, deje de concentrarme en mis problemas y disfrute el momento, muy en el fondo sabía que posiblemente no habría una segunda oportunidad de hacerlo.

De un momento a otro empecé a ganar la pelea de cosquillas y pellizcos, hasta que quedo un poco arrinconada contra la puerta del copiloto.

-¿Te rindes?

-¡No! – Dijo fuertemente mientras me empezó a picar las costillas.

-Oye, no es justo eso no se vale.

-¡Yo hago mis reglas!

Ella me arrincono contra el asiento del piloto, y yo puse mis manos frente a mi en señal de defensa.

-¿Te rindes? – La tome rápida y suavemente de las muñecas.

-¡No! –Empezó a hacer fuerza, pero hizo tanta que termino dándome un cabezazo en la cara, rápidamente solté un grito ahogado.

- Perdón Adri, perdón – El golpazo me había dolito bastante, ella tenía su cabeza sema agachada y la subió lentamente, así que quedamos frente a frente muy cerca uno del otro, no recuerdo si fue mucho o poco tiempo, pero permanecimos así hasta que ambos nos ruborizamos.

-Lo lamento… disculpa por darte un cabezazo.

-No pasa nada – Sonreí, aunque la nariz me estaba matando de dolor.

Ambos nos incorporamos rápidamente, y ella volvió a sentarse correctamente, aunque nuestro rubor era evidente, me vi por el espejo retrovisor y luego a ella, me estaba evadiendo la mirada.

-¿Quieres que te lleve a casa?

-Aun no… ¿Podemos esperar un poco más? – Sus ojos parecían los de una niña que había sido regañada y suplicaba que no llegara el castigo.

- ¿A dónde quieres ir entonces? – Pregunte.

-Donde tú quieras.

 

Capitulo ¿?

La historia que jamás ocurrió.

 

Fuimos a un café y estuvimos recordando anécdotas de cuando éramos pequeños, de cómo me subí a la rueda de la fortuna solo por agradarle, de la vez que pase a recitar un poema el día de las madres y ella estaba enfrente de mi viéndome con cara de te voy a matar, también la ocasión en que ella se había peleado con otra compañera por romper nuestra maqueta, De la misma manera recordamos la ocasión que nos habían obligado a besarnos.

- ¿Recuerdas que una vez le tiramos pintura azul al perro del director?

-Si Ana, esa fue tu idea, no sé cómo me convenciste.

-Pues seguro fue por mi linda sonrisa, y mi hermosa personalidad.

-Yo creo que era otra cosa, pero bueno.

-Ah ¿Si? ¿Qué? ¿Qué estabas enamorado de mí? El señor ingeniero en sistemas, estaba enamorado de una chica común de su pueblo – Dijo en tono sarcástico.

-Eres muy simpática, lo dices de tal manera como si fuera algo malo.

-¿Qué tiene de malo aceptarlo? Yo sé que te morías por mis huesitos– Me miro entrecerrando los ojos.

-No, nada, es como si yo te dijera que en fondo querías vivir una relación apasionada y nebulosa conmigo.

-Bueno., si lo pensé, no es como que nunca me pasara por la cabeza, es solo que me dabas algo de miedo en ese sentido, a veces también era inestable emocionalmente.

-¿De verdad? ¿Por qué? – Su respuesta me había desconcertado por completo.

-Porque eras demasiado intenso, eso me daba miedo, imagina que hubiéramos tenido un problema equis, no se un ataque de celos de tu parte, por ejemplo, un poco de celos en una relación no es mala, pero tú te pasabas en eso, y eso que no éramos novios, me recriminabas muchas cosas con Ricardo.

Tenía toda la razón, en aquellos momentos era un chico demasiado explosivo y voluntarioso, me dejaba dominar por mis emociones más básicas, y no solía actuar muy bien, podía ser grosero o muy pedante.

-Debo decir, que estas en lo correcto, yo era así, pero con el tiempo y la experiencia, he ido mejorando, claro que no ha sido fácil – En ese instante recordé los problemas que había tenido por la misma situación.

- ¿Me estás dando la razón?

-Sí, porque la tienes, yo así me comportaba.

-Vaya, sí que has cambiado, y eso me alegra, hace unos años te habrías aferrado a que no tenía la razón, tu nuevo yo es mucho mejor, e imagínate ahora creo que has sacado tu mayor potencial.

- ¿Tú crees? Al final… madure, aunque no todo el tiempo, pero creo que es algo completamente normal ser irracional a veces.

Teníamos años que lo conocíamos aquel café, su ambientación rustica con música de guitarra acompañando a los comensales para amenizar el ambiente, este se encontraba muy bien escondido, ideal para las parejitas de enamorados que deseaban algo de privacidad. De manera tal vez inconsciente de parte de los dos, no queríamos ser descubiertos, y nos aprisionábamos en nuestra cafetería, como si de un bunker impenetrable se tratase.

Ella había pedido un té de limón con hierbas de menta, por mi parte hacia mucho que no tomaba un café americano expreso, además ordene una rebanada de pastel de queso y ella uno de zanahoria. Ambos comimos de nuestras rebanadas salvo que yo me termine la mía muy pronto.

-Eres un glotón, se supone que deberías esperar a beberte tu café y comer el paste para que duren más o menos lo mismo –

Empezó a regañarme mientras me terminaba en pocas cucharadas el pastel, y con su última frase yo me quede mordiendo mi pequeña cuchara.

-No me regañes, el pastel estaba muy bueno.

-En eso sigues siendo igual – Ambos reímos - ¿Quieres del mío? – agarro su cuchara y le quito una pequeña porción al su pastel.

- ¿Segura?

-Venga hombre, no te voy a contagiar nada, ¡Prueba! – Acerco mucho la cuchara hacia mi boca, y deguste de su invitación, el sabor era muy refrescante, el sabor de la zanahoria invadió mi paladar y después mi garganta, no se parecía a ningún otro que yo hubiera probado, pero muy probablemente, era porque antes había estado en sus labios.

- ¿Qué opinas Adri? Esta rico, ¿verdad? – Busco mi aprobación, yo sonreí y afirmé con los ojos.

- Puedo asegurarte, que el sabor es único.

En ese momento nuestras miradas se cruzaron, e inmediatamente sentí el contacto penetrante de sus ojos marrones oscuro. Sus ojos se tornaron intensos y muy destellantes, mientras más los veía, me sentía aún más atrapado entre ellos, sus pupilas destellaban mientras crecían, me sentí abrumado, pero no quise dejar de verla, de manera automática acerque mi mano derecha a su mejilla izquierda, la sostuve por un momento y la acaricie suavemente con el dorso.

-Jamás había sentido así tu presencia Ana, mucho menos tu calor, incluso ese perfume tuyo, aunque es muy sutil, me gusta bastante - Articule una sonrisa y pase suavemente mi dedo índice para marcar sus labios, ella no decía nada, solo lo permitía, pero una vez que termine de sentirlos hablo.

-Y yo, no creo haberte visto como ahora, tan diferente, tan hombre – Sonrojándose con sus últimas palabras, parecíamos dos adolescentes, quienes experimentaban su primera cita y la química hacía de las suyas.

- ¿Cuántos años han pasado para este momento? – Pregunte.

- ¿Eso importa? – Sentí un tono un poco molesto en su pregunta, alejo mi mano de su mejilla y tomo un sorbo de su bebida.

- Me importa, porque nunca pensé que podría pasar.

-No bromees con eso Adri, ¿Por qué no permitiría que me tocaras?

-Esa misma pregunta podría hacerla yo.

Ambos tomamos posturas de mayor seriedad, ese momento fue realmente incómodo para ambos, la diferencia es que yo ya no era el mismo muchachito torpe de hace quince años, así que empecé a jugar con las cartas que la vida misma me había hecho ganarme a pulso.

-Sabes Ana, a pesar de todo, aunque frunzas el ceño, sigues viéndote realmente hermosa, siempre aprecie tu largo cabello, y el tomo de tu piel sonrosada – Note perfectamente que esa mirada de furia pasiva, cambiaba a uno más relajado., así que continúe.

-Si yo supiera que esta es la última vez que yo podría verte a los ojos, creo que podría decirte muchas cosas.

-¿Por qué le das tantas vueltas a todo? Si quieres decir algo, solo dilo – Ella volvió a sonreír – No tiene que ser la última vez para que te animes a decir las cosas.

-No se trata de eso, sino que me puse a pensar de cuando éramos unos niños pre adolescentes, y no te dije ciertas cosas que me habrían gustado, como que eres una mujer realmente hermosa, tos ojos tiene el tamaño perfecto para hacer lucirte sublime y al mismo tiempo delicada, haciendo que tus facciones revelen un rostro bellamente femenino – Su reacción fue de asombro y después a sonrojo.

- Por favor para… - Lo dijo con una voz tímida – No creo que sea el momento para que me digas esas cosas, además puede ser que solo sea el momento y no lo sientas realmente, han pasado muchos años como para que me sigas viendo igual, yo misma he cambiado mucho.

- No es solo el momento., sigues siendo una mujer realmente bella, tal vez no esperabas esto de mi parte, y tienes razón, han pasado muchos años, pero negar la parte de mi corazón que estuvo perdidamente enamorado de ti, sería como rechazarme yo mismo.

- ¿Quieres otro cabezazo verdad? – Ambos volvimos a reír.

 

Capitulo ¿?

La despedida

 

Salimos de la cafetería, ya era de noche y ella telefoneo a casa de sus padres, quería saber si sus hijos estaban bien, por mi parte tenía muchos mensajes de texto sin leer, todos eran de la misma persona, una mujer que había dejado atrás en ciudad de México, insistía en que nos viéramos una vez más, que me explicaría como habían sucedido las cosas realmente, también que no me había traicionado como yo pensaba, no respondí ninguno., los seguí ignorando.

- Listo Adri, le avise a mi mamá que te había encontrado y que regresaría un poco más tarde a casa, que tú me llevaras.

- ¿Segura que no hay problema?

- Tranquilo, de hecho, ella me dijo que me divirtiera.

Ella me tomo del brazo y empezamos a caminar hacia el parque, las calles se iluminaban por diversos focos y farolas de colores, algunas caras conocidas nos veían con curiosidad, pero no se animaban a hablarnos, Ana parecía muy tranquila, incluso podría decir que se veía feliz.

A mi mente llegaron muchos recuerdos, de lo que habría dado por pasear con ella en mi adolescencia, y no es que no lo disfrutara ahora, pero era muy diferente, puesto que mis sentimientos habían cambiado, había aprendido a querer de una forma diferente y a vivir las cosas, una a la vez.

Suavemente pase mi mano por su cintura y la abrase pegándola hacia mí, ella no dijo nada, simplemente se acurruco en mi para seguir caminando.

-Adrián., ¿Ya te das cuenta? Ahí fue donde nos conocimos – Señalo la fuente de piedra de la ciudad.

-No podría olvidarlo, ibas con tu mamá, y yo estaba sentado contando los pesos que tenía en mi bolsa, por un momento te separaste de tu madre y me preguntaste si el peso en el suelo era mío.

- Pensé que tal vez lo había olvidado.

- Para nada, si tu sonrisa la tengo tatuada en mi mente.

Nos sentamos en la fuente, alrededor nuestro pasaba mucha gente con mucha algarabía, sin notarlo ambos estábamos tomados de las manos, señalando algunas cosas que nos parecían curiosas, cualquiera que nos viera podría jurar que éramos una pareja, aunque en realidad nunca lo hubimos sido.

-Ven, acércate, nos tomaremos una foto.

Me abrazo con fuerza y saco su teléfono para tomarnos la foto, acerco su mejilla a la mía y después los dos sonreímos mientras ella apuntaba la cámara frontal, la verdad es que era nuestra primera fotos juntos, a pesar de conocernos desde hace tanto tiempo, no teníamos una foto juntos, podría decirse que no eran tan común cargar con una cámara todo el tiempo como hoy día con los celulares, las fotos eran reservadas para momentos especiales, ya que una foto era una prueba viviente de que eso ocurrió, además del número limitado que podía tomarse aunado a que muy probablemente la foto saldría distorsionado o tapada por un dedo gigante atravesado.

- ¡Ey! Me estas apretando mucho – Mi amiga se quejó rápidamente, puesto que no me había dado cuenta de que la estaba presionando demasiado con mi mano en su cintura.

- Lo siento, no fue mi intención.

- Cálmate, no es para tanto, solo no seas brusco.

Esas mismas palabras me las había dicho años atrás, después de estar en una situación similar, suavemente dejé de presionar su cintura, mientras ella seguía tomando fotos, movió un poco su cara y me dio un beso dulce en la mejilla, sentí sus suaves labios rozar mi piel, me estremecí por dentro, era parte de la galería de fotos que nos estábamos tomando.

En un instante quise hacer lo mismo, sin dejar de mirar a la cámara y volteé para darle un beso en la mejilla, al momento de intentar hacerlo, también hizo lo mismo, sentí el roce de sus labios con los míos, el roce fue húmedo y muy suave, al notarlo, ambos nos vimos a los ojos, pero sin separarnos uno del otro, sentir la humedad de sus labios me pareció exquisito, acompañado de una mirada intensa y llena de ternura, solo me vio a los ojos unos segundos para enseguida cerrarlos lentamente, entregándose en ese beso enervante.

Sentí un calor interno que me estremeció, mi respiración se volvió pausada y mis ojos se fueron cerrando lentamente, la tome de las mejillas y continúe unido a sus labios, mi deseo por sentirla mía creció de manera egoísta explotando en mi mente y alterando mi corazón, con una intranquila suavidad, mis manos la acercaban a mi aprisionando su cuello, hasta sentir su cuerpo completamente junto al mio, presionando su pecho con mi ser.

Ella me rodeo con sus abrazos al redor de mi cuello de una manera más brusca, puesto que nuestra disparidad en tamaño la obligaba a ejercer una fuerza mayor que la mía., ignoro el tiempo que estuvimos tan cerca, pero al separarnos, ambos enmudecimos sonrojados.

-Fue justo como lo imagine…

- ¿A qué te refieres Ana?

-Ya no eres un niño – Me sonrió dulcemente y sonrojada – Hace años no habrías hecho esto, seguramente te hubieras echado a correr.

Nos encontrábamos abrazados, para ese entonces, sentía completamente su cuerpo suave y cálido, la incomodidad se había ido mientras que nos acercábamos más el uno al otro.

-Las cosas han cambiado, los dos ahora somos diferentes, tal vez mejores que hace años, la diferencia concreta es en cómo vamos a tomar nuestros actos, y en este momento creo que ambos deseamos lo mismo. Y en este momento no deseo estar con otra mujer que no seas tú.

Sus mejillas estaban sonrosadas, su exhalación se hico densamente calidad, mientras nos veíamos a los ojos, intento desviar su mirada, pero no podía dejar de mirar mis labios, así como yo no podía dejar de ver los suyos.

-Deja de mirarme así, me pones nerviosa ¿sabes? – Dijo tímidamente, mientras se separaba lentamente de mí.

-Lo siento, no tengo otra mirada – Sonreí.

- ¿Y ahora? ¿Qué es lo que sigue? ¿Nos juramos amor eterno? ¿Pensamos en el futuro? – Sus preguntas fueron en un tono muy sarcástico., pero igual fueron desconcertantes.

- No estoy acostumbrado ahora a planear el futuro, me he encontrado con que nada está escrito, ahora creo que es el momento que te lleve a casa, seguirá una despedida corta, no te juraría amor eterno porque ni siquiera sé si estaré el día de mañana., claro que vamos a pensar en el futuro, siempre hacemos eso.

Mis respuestas fueron secas y ásperas, ya que también noté cierto reclamo en sus preguntas, la situación no era para nada fácil o cómoda, pero se estaba tensando demasiado, y tenía que ir con cuidado., si bien en su momento estuve perdidamente enamorado de ella, ahora controlaba más mis sentimientos y aun debía descubrir lo que realmente quería.

- ¿Solo eso? – Molesta me dio la espalda – Pensé que dirías otra cosa., tal vez podrías ser más hozado o que se yo.

- ¿Esperabas algo más de mí?

- ¿Tu qué crees? ¿A caso tendría que decírtelo? Si es así, entonces no lo quiero.

-Lamento que pienses de esa manera, podría ser mucho más hozado como dices, pero no acostumbro mentirles a las personas que realmente me importan, si quieres hipocresía o arrebato, conmigo no lo encontraras, ya que no eres cualquier mujer para mí.

-Eres un tonto – Su mirada ensombreció., pero al finalizar esas palabras la abrace.

-Te quiero, y no quiero tomar las cosas como un juego fugaz, pero tampoco invertiré mi tiempo con algo que se perfectamente que es demasiado difuso., no me has dicho casi nada de ti, ni de tu situación y mucho menos de lo que quieres, merezco la verdad de tu parte, aunque sé que en este momento no me la darás.

- ¿Por qué seguiste besándome entonces?

-Porque lo deseaba tanto como tú.

Sus ojos se humedecieron y se acercó a mí para darme un beso ahora más intenso, más vivo y con deseo encarnado en pasión y desenfreno, yo respondí de la misma manera.

Cuando nos dimos cuenta del tiempo, pasaban de las diez de la noche, nos dirigimos a mi coche y emprendimos el regreso a casa., ambos estábamos callados, tratando de ocultar el desenfreno de nuestros sentimientos.

- ¿Te llevo a tu casa?

- No lo sé, aun quisiera que no terminara nuestra cita.

Puse mi mano sobre su muslo izquierdo, lo acaricié suavemente.

-Vamos – Arranque el coche.

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