Capitulo ¿?
Adrián y Ana
Después
de mí altercado en mi trabajo, no sabía si sería despedido o no, había pasado
muchos años trabajando en el proyecto que estaban a punto de arrebatarme,
busque mil maneras de resolver ese problema en el que me había metido, pero no
éxito, sus abogados eran buenos, el mañoso contrato que me habían hecho firmar
sin tener la oportunidad de analizarlo por completo me había hecho caer en esa
maldita jugarreta.
El
reloj de la pared de mi cuarto estaba a punto de marcar las cinco de la mañana,
me encontraba en mi departamento en Santa Fe Ciudad de México, había dormido
poco, pero lo suficiente para no sentirme fatigado, disfrute plenamente de la
madrugada fría, mientras observaba el techo buscando crear figuras en el tirol
para distraer mi mente. Todo se encontraba en silencio levemente interrumpido
por destellos de luz que entraban por la ventana, me cubrí con una de las
sabanas de la cama, inhalé mucho oxígeno para después soltarlo y relajar mi
cuerpo.
Voltee
hacia la ventana de mi cuarto la cual carecía de una cortina, podía observar
gran parte de la ciudad desde el noveno piso, ya que me encontraba en una zona
muy elevada, aunque no podía definir donde terminaba la civilización y donde
las montañas.
Me
levante y observe atentamente como muchos automóviles se aglomeraban a lo lejos
por el semáforo, a pesar de ser fin de semana el movimiento nunca de ausentaba
por completo., me dirigí hacia el baño y comencé a quitarme la ropa dejándola
en el suelo.
Me
fui directo a la regadera giré la perilla del agua caliente y esta salió al instante,
también abrí un poco la fría para llegar a la temperatura ideal. Mientras
empapaba mi cuerpo, deje por un instante que mis problemas se fueran por el
drenaje, una vez que termine de asearme, salí hacia mi cuarto y me cambie de
ropa, vistiéndome con uno de mis trajes de color azul marino engalanado con una
corbata de color gris con franjas negras., mis zapatos pulcramente lustrados
acompañaron mi estampa.
Tome
algunas de mis cosas, como mi cartera y mi reloj para dirigirme al
estacionamiento del edificio, saque las llaves de mi auto y una vez dentro
arranque para irme a Puebla, no tenía ganas de estar en la ciudad, mi cabeza se
haría un lio con todo lo que había pasado, tome la autopista y por la hora el
tráfico era casi inexistente, me permitió abandonar la ciudad en poco menos de
media hora.
Amaneció
lentamente mientras conducía en la carretera, los primeros rayos del sol eran
muy intensos, se abrían paso entre los espesos nubarrones, para iluminar las
montañas a lo lejos, esos rayos dorados empezarían a nutrir a la naturaleza, y
así un nuevo día iniciaba.
Eso
era lo que yo necesitaba, volver a nutrirme para empezar de nuevo, y dejar
fluir las ideas, mi alma se encontraba completamente perturbada por la ciudad y
el trabajo, las cosas no habían salido muy bien últimamente, pero si lograba
pasar un fin de semana fuera de ello, regresaría siendo otro o al menos eso es
lo que yo esperaba.
Cuando
amaneció por completo, el camino se veía limpio en la carretera México / Tuxpan
y pase a un lado de la caseta que se dirigía hacia la capital del estado de
Puebla, donde ella seguramente vivía.
A
mi mente llegaron muchos recuerdas de aquel ayer donde pasamos momentos y
aventuras únicas, aunque también con una dosis de amargura, al no concretar
ninguno de nuestros planes, ya que en algún momento le dije que yo sería
escritor, y ya a mis treinta años había dejado de lado mi sueño cambiándolo por
la estabilidad de un sueldo y de la comodidad de mi carrera, siempre lo pensé
como otra forma de expresar mis gustos, al escribir código, estaba escribiendo
y eso me daba cierto descanso mental.
Llegue
aproximadamente a Huauchinango a las diez treinta de la mañana, me dirigí a la
casa de mi madre, ella no estaba en la ciudad, había salido con su esposo y mi
hermano al norte de México, regresaría en un par de semanas más tarde, ellos no
sabían nada acerca de los problemas que me estaban consumiendo.
Estacione
el coche frente a la casa, algunos de los vecinos al escuchar el vehículo se
asomaron por las ventanas haciendo a un lado las cortinas, le di muy poca
importancia, tome las llaves y abrí la puerta principal, al momento despidió un
olor a encerrado, no apestaba, pero si fue un poco incómodo.
Todo
estaba como siempre, la televisión, la sala y el comedor en la primera planta,
me dirigí hacia el refrigerador, tenía bastante hambre, había algunos
encurtidos y también pan, decidí prepararme un sándwich para mitigar el hambre,
tome el desayuno abriendo uno de los muchos cartones de leche nuevos que
guardaban en la despensa.
Respire
profundamente y por un momento fue como ser niño otra vez, me vi a mi mismo
corriendo por los pasillos de esa casa, que en un principio solo tenía un piso,
y dos cuartos, fue uno de los obsequios de mi abuelo, cuando estaba vivo, a él
le gustaba llegar los primeros días del mes para compartir su pensión con
nosotros, yo encantado iba a comprar con él la despensa y por la tarde
regresábamos repletos de comida, para que mi madre los cocinara junto con mi
abuela, a él le gustaba consentirme y me compraba una bolsa llena de las
galletas de animalitos, en mi edad actual, esa galletas nunca me sabían tan
bien como cuando él me las regalaba.
Cuando
termine de comer, lave los platos y subí a la segunda planta, mi cuarto también
parecía inamovible, mis recuerdos, algunos de mis juguetes adornando las
estanterías, estaban presentes, abrí las ventanas para que el olor se fuera, me
recosté en mi cama y todo fue tan placido que, sin darme cuenta, me quede
profundamente dormido.
Mi
sueño fue bastante horrible, puesto que me encontraba debajo de una enorme
piedra que poco a poco me estaba triturando los huesos, intente levantarla,
pero era inútil, observe a lo lejos la silueta de una mujer que se alejaba cada
vez más, mi sueño cambio abruptamente al momento en que me dijeron que tenía
que abandonar la empresa, iba a quedarme sin empleo y también sin los
beneficios de mis descubrimientos, todo este tiempo había sido utilizado por
ellos.
Desperté
poco después, cerré las ventanas y salí de la casa hacia el centro intentando
escapar de mi propia mente, no tarde mucho en llega la ciudad era bastante
pequeña en comparación de ciudad de México, todo era bastante similar a mi
niñez y parte de mi adolescencia, las fachadas aunque de un color distinto
seguían conservando la ambientación de un pueblo de los setentas.
Al
estar en la sierra madre oriental, el aire era muy puro y húmedo, esa tarde me
refresco bastante, algunas personas se me quedaban mirando por mi vestimenta,
quien iba a pensar, que un niño humilde que vivía en una casa de madera
deteriorada ahora conducía un Chevrolet Cavalier del año además de tener una
cuantiosa cuenta en el banco ahora volvía a sus raíces. Aunque nada de eso me hacía
completamente feliz, me había alejado de todo y de todos, a excepción de mi
familia, viviendo una vida vacía y sin satisfacciones, no es que no supiera
como salir del plagio de mis inventos, sino que simplemente no quería hacerlo.
Me dirigí
al jardín dejé el carro aparcado en un estacionamiento del centro, y pude ver
la parvada de palomas que revoloteaban entre la explanada y el jardín, frente
al honorable ayuntamiento de la ciudad, cada aleteo me recordaba como de pequeño
me dedicaba a espantar a las palomas para que estas emprendieran el vuelo lejos
de mí, corriendo feliz por todos lados para cansarme, no necesitaba dinero, ni
mucho menos un carro, solo era feliz en mi pequeño e inocente mundo.
Pude
apreciar que muchos de mis ex compañeros de escuela primaria, secundaria y
bachilleres habían optado por una vida más tranquila y ahora atendía puestos de
comida, o algunos locales donde vendían diferentes cosas, de entre ellos había
una mujer a la que reconocí rápidamente, llamada Rosario la cual en algún
momento me había tratado muy mal e incluso llego a decirme que no lograría nada
en la vida, ella no me reconoció, llevaba lentes obscuros y el cabello peinado
de manera estrafalaria además de una portentosa barba y bigote.
-Buenas
tardes, disculpe ¿Tiene una nieve de queso? – Ella abrió grandes los ojos al
verme, note por un instante que aprecio con su nariz la esencia de mi colonia,
llenando sus pulmones y termino encantada.
-Hola
Joven, si tengo – Sonrió la chica –Además de piña, coco, vainilla, fresa,
aguacate, beso de ángel, nuez y grosella, si gusta le puedo hacer una
combinada.
Habían
pasado aproximadamente quince años en los cuales yo no lo había visto, el
tiempo no había benévolo con todos, los años había hecho merma en su piel y su
figura, aunque conservaba una buena actitud, uno de sus hijos le jalaba el
delantal que llevaba puesto pidiéndole algo de comer.
-Espera
a que termine de atender al joven mijito – Vocifero mi ex compañera con un poco
de molestia, su hijo no parecía tener no más de cinco años.
Pedí
un cono de dos bolas y con un barquillo de galleta, y ella lo sirvió gustosa,
al poco tiempo apareció un hombre rechoncho que me miro con recelo y de forma
altanera, no dijo ni una palabra, pero su expresión dejo muy en claro su
disgusto.
-¿Cuánto
va a ser? – Recibí el cono de nieve.
-Son
cuarenta pesos señor – Dijo aquella mujer, mientras que su compañero cargo al
niño y este lo llamo papá.
Pague
y me despedí con una sonrisa para ambos, la reacción fue la misma que hace unos
momentos, no le di demasiada importancia y me dirigí a una de las muchas bancas
de metal alrededor del jardín, muy cerca del quiosco, a causa del calor me
quite el saco y remangue las mangas de la camiza, empecé a comer ese helado,
observe a unos niños de la secundaria que caminaban por ahí en grupo, entre
ellos había una niña bastante guapa y me recordó a esa chica y en especial a
nuestra última conversación.
-¿De
verdad aceptaste ser su novia?
-Sí,
¿Por qué no? El me gusta mucho.
-Pero
es un idiota, ni siquiera sabe deletrear su nombre – Ella se molestó tras mi
comentario.
- ¿Me
estás diciendo estúpida? - Me clavo la mirada con algo de desprecio e ira.
-Claro
que no, el estúpido es él – Replique ante aquellas actitudes.
- ¿Crees
que eres mejor? ¿Por qué lo serias? Últimamente te portas grosero y también muy
arrogante, ¿solo por qué eres inteligente? O ¿Por qué quieres demostrar a toda
costa que eres mejor? – Su respuesta fueron una serie de preguntas recriminando
mi actuar.
-No
lo dudo, soy mejor que él, soy quien realmente te haría feliz, quien podría
tratarte como ningún otro chico te ha tratado, lo único que harás a su lado es
sufrir, ¿Qué no te das cuenta? – El tono de mi voz empezaba a elevarse violentamente.
-En
el corazón no se manda, es algo que debes de entender, si yo no siento más que
un cariño de amigos hacia ti, debes aceptarlo…
-¿Es
porque no soy tan apuesto como él? ¿Es por eso? Si fuera guapo ¿estarías
conmigo? – Mi ira se estaba apoderando de mí.
-Cuando
entiendas las preguntas que me haces, será cuando volvamos a hablar, si tú
piensas que es por belleza, quiere decir que nunca me conociste.
-En
ese caso, creo que… No tenemos nada más que hablar – Le respondí con mi ira al
borde del colapso.
-No
esperaba eso… - Se sorprendió por mis últimas palabras., pero yo también podía decidir
no estar ahí.
-Yo
tampoco – No volvimos a vernos.
Suspire
por ese recuerdo, de ese muchacho al cual ya no le quedaba casi nada, más que
su inteligencia para resolver problemas, sin darme cuenta ya me estaba comiendo
la galleta de la nieve, mis dedos quedaron algo manchados por el dulce que se
había derretido, rápidamente busque una servilleta, sin mucha suerte.
- ¿No
has cambiado en nada verdad Adrián? – Levante lentamente mi rostro y era ella.
-Creo que me conoces Ana… - Ambos seriemos al volver a vernos.
Capitulo ¿?
De aquí en adelante.
Hace
quince años que no la veía, desde ese momento había cerrado mis emociones,
hasta que conocí a Eluzai y todo mi mundo se puso de cabeza, ahora era un
hombre completamente distinto podría decir que frio y calculador con quien lo
merecía o eso era a mi parecer, aunque no estaba seguro que los demás me vieran
mejor o peor que eso, pero encontrarme de nuevo con Ana, era una sorpresa muy
agradable.
Saque
una cajetilla de cigarros, tome uno para empezar a fumar, mientras ella me veía
algo sorprendida.
-¿Ahora
fumas? – Me lo dijo con un semblante inquisidor.
-Claro,
las cosas han cambiado mucho, lo único que no, es el recuerdo que tengo de ti –
Respondí con el cigarro en los labios
-No
ha de ser uno muy bueno, supongo… - Desvió la mirada hacia un lado, y después
regreso a mí.
-Es
muy bueno te lo aseguro, ven siéntate conmigo – Me hice a un lado para que
estuviéramos cómodos - ¿Qué te trae por aquí? Hacía años que no te veía.
-Lo
típico, la familia, vinimos a visitar a mis padres.
-Oh
es cierto, ya tiene mucho tiempo que te casaste, ¿Estas con tu esposo? – Ella
enmudeció por un momento, y después respondió.
-Mi
esposo… se quedó en casa, no le gusta venir a esta ciudad, es bastante especial
en ese sentido.
-Entiendo,
entonces solo viniste con tus hijos, creo que es algo lindo, aquí es muy
bonito, yo también tenía mucho tiempo sin visitar la casa de mi madre. Me da
muchísimo gusto verte – Le dedique una cálida sonrisa, y ella se ruborizo un
poco.
-¿En
verdad eres tú? ¿Dónde está ese jovencito enérgico y explosivo? – Ella lo dijo
de forma irónica, pero lo permití, también la última pregunta la hizo con un
tono burlan.
-Se
quedó en ciudad de México, no lo deje venir – El hielo se estaba rompiendo,
mientras platicábamos pude notar, que ella había cambiado muy poco, su piel
seguía siendo clara, y sus ojos ahora se veían más maduros, su cabello largo
lacio y muy bien peinado, sus facciones eran finas y hasta cierto punto
inocentes, no era una mujer muy alta, lo cual le daba la apariencia de una
longeva juventud.
Vestía
con una blusa de color negro casi escotada y unos pantalones de mezclilla
azules, y zapatos con un tacón pequeño, sus antebrazos quedaban al descubierto
y se adornaban con una pulsera en la mano derecha y un reloj en la izquierda.
-¿Aun
la conservas? – Pregunte, mientras observaba la pulsera, pero ella respondió
con otra pregunta.
-¿Por
qué no habría de hacerlo? Alguien especial me la obsequio.
-Supongo
que esa era la intención, pero me alegra que la tengas, es el símbolo de
nuestra amistad.
Hace
muchos años, le había tejido esa pulsera, tenía hilos de diferentes colores los
cuales resaltaban en su muñeca por su color de piel.
- ¿Tu
qué haces aquí Adri? – Así me llamaba, lo cual nunca termino de agradarme.
-Decidí
tomarme unas vacaciones forzosas, ahora estoy desempleado y no quería estar en
la capital.
-¿Enserio?
Que mal Adri., no me fascina escuchar eso, pero si necesitas algo estaré un par
de días, igual podría servirte para platicar un rato.
-No
te preocupes, eso es algo que pasaría tarde o temprano, ahora solo quiero
descansar, y replantearme las cosas para buscar un trabajo., o tal vez de
dedicarme a la escritura, ya que la tengo muy abandonada.
-Eso
me agrada mucho de ti, nunca te rindes., por eso te admiraba en la secundaria –
Inconscientemente hice un gesto de ironía. – ¿No me crees? Veo que aun eres
algo pesadito niño.
-No
lo tomes a mal, es solo que la última vez que hablamos, no terminamos muy bien,
y que me digas que me admirabas, me hace sentir que me perdí de algunas cosas.
-Bueno,
no quería decírtelo porque te habría hecho más mal que bien, habría sido como
alimentar más tus sentimientos, y eso… - la interrumpí.
-No
pasa nada, créeme que te entiendo, gracias por decírmelo, viniendo de ti vale
muchísimo, algo que he de reconocerte, es que nunca fuiste una mentirosa, decías
las cosas por duras que fueran, eso a mí también me gustaba de ti.
-A
veces era muy imprudente, pero ahora procuro no serlo tanto.
-Yo
creo que, ambos nos hemos pulido en todos estos años, tu viviendo tu vida, yo
enfrentándome al mundo, cada uno desde su perspectiva, pero me doy cuenta que
tus ojos siguen siendo, con perdón de lo que diré, “Muy bellos”.
-Gracias…
hacia mucho que no escuchaba esas palabras- La incertidumbre nos abordó, por un
lado, yo quería halagar a mi ex compañera, pero por otra, a veces el imprudente
era yo.
-Y
yo, hacía mucho que no las decía – Mientras hablábamos, apague el cigarro, ya
no me apetecía fumar, no lo hacía muy seguido, pero de vez en cuando me
relajaba.
-Tú
también has cambiado, mírate eres un hombresote, tu esposa no te ha de dejar ni
a sol ni a sombra.
-No
estoy casado, y de parejas bueno mejor no hablemos, mejor dime, ¿Trabajas?
-Sí
y no, veras tengo un negocio en la capital del estado, eso me permite estar con
mis hijos y atenderlos, mientras genero algo de dinero, a ti se te ve que te ha
ido bien en ciudad de México – Todo eso me saco una sonrisa.
-Como
dirías tú, sí y no., hace dos días fui despedido de mi trabajo como ya te mencioné,
hubo fuga de información, y todos creen que yo lo hice, aunque no tienen manera
de culparme, por eso no pueden proceder legalmente, y como en un tiempo me
negué a trabajar en cierto proyecto, pues mejor me dieron las gracias., lo que
peleo ahora son unas patentes, aunque no están dispuestos a dármelas,
probablemente me quede en la calle.
-Se
oye complicado, pero bueno tu siempre fuiste bueno para la escuela, seguramente
encontraras la manera de resolverlo, “Siempre puedes”.
Sus
últimas palabras resonaron en el interior de mi mente, como una fuerte bofetada
en la cara, de todos los problemas que había tenido en la vida los había
superado uno a uno, desde enfermedades, hasta conflictos sociales y laborales,
mi secreto era, que daba por hecho que podría hacerlo y así lo hacía.
-Gracias
Ana, de verdad – Suavemente tome su mano y acaricie su dorso, ella lo permitió
e hizo lo mismo.
-¡Ay!
Adri, tu puedes no importa la dificultad, si algo me enseñaste fue a nunca
rendirme y a seguir adelante.
-Créeme
que así lo hare o eso intentare– Cuando dije esas palabras un mechón de su
pelo, se despeino, y yo lo acomode y suavemente tome uno de sus mejillas entre
mis dedos índice y pulgar.
-¡Hey!
No seas así, trátame con cariño.
-Siempre
quise hacer eso – Ambos empezamos a reír como unos pequeños niños.
La
gente iba y venía, algunos curiosos nos miraban de reojo, pude notar algunas
caras conocidas viéndonos con injuria, así que alinee mi postura y deje de
tomarle la mano y tocarla.
-¿Te
gustaría que nos fuéramos de aquí?– Ella se empezó a sentir extraña.
-Si…
vamos – Nos dirigimos al estacionamiento, sacamos mi coche y me dirigí hacia la
carretera principal.
Ambos
nos quedamos callados unos momentos, encendí el aire acondicionado para
refrescar.
-Si
quieres reclinarlo, la palanca está a un lado del asiento.
-Gracias,
tu coche es muy bonito.
-Qué
bueno que te gusté, nunca creí que te subirías a él, las coincidencias ocurren –
Permanecimos un instante en silencio y ella lo rompió.
-Adri…
¿de verdad no me guardas rencor?
-¿Por
qué debería? Digo no es como que me engañaras, o como dices alimentaras un
sentimiento en mí, tarde en asimilarlo, pero al final, entendí lo mal que
estaba actuando, no debí ponerte a escoger entre el o yo, porque solo estaba
viendo mis sentimientos y no los tuyos, y creo que tu querías estar con él, al
menos en esos instantes, luego me aleje porque no me sentía bien a tu lado.,
pero créeme que nunca desee tu mal.
-Sabes
que yo te quería mucho, pero no de la forma en que tu deseabas., a veces el
corazón es loco, y también se equivoca, aunque… siempre me pregunte como habría
sido salir contigo.
-En
aquel momento, pues no sé, supongo que una relación muy inmadura., aunque bueno
tal vez habría querido darte todo lo que yo creía que era amor.
-¿Te
imaginas? Tal vez hubiéramos terminado juntos y con muchos hijos – Ella empezó
a reír.
-También
tendríamos un perro, siempre he querido uno.
-Y
un gato.
-Y
saldríamos a pasear con los hijos vestidos de manera similar, para que vean que
somos una familia.
-Estás
loco Adrián – Ambos moríamos de la risa.
-Soñar
no cuesta nada Mari, pero bueno casi llegamos al mirador, ¿no hay problema de
que te robe un par de horas?
-No
te preocupes, mis padres están con sus nietos, y van a querer que se los deje
el mayor tiempo posible, si pasa algo pueden llamarme al celular.
Detuve
el vehículo en el mirador, había muy pocas personas haciendo días de campo, se
podía apreciar toda la ciudad e incluso se podía ver la presa, no nos bajamos
del coche.
-Pero
ya enserio Ana, ¿De verdad estas bien?
-Sí,
¿Por qué lo preguntas?
-Te
noto un poco triste, sé que no nos hemos visto durante mucho tiempo, pero aún
se cuándo no te sientes bien.
-Jamás
dejaras de ser un sabelotodo ¿cierto? – Frunció ligeramente el ceño.
-Yo
lo llamaría empatía, cuando éramos unos puertos, haya por inicios del dos mil,
siempre reaccionabas de manera pasiva a tus problemas, eventualmente me los
contabas, pero ahora siento que quisieras explotar, de verdad, confía en mi –
Puse mi mano en su hombro en señal de solidaridad.
Guardo
silencio por un momento y luego sonrió, articulo una sonrisa parecida a una
mueca.
-Voy
a parecer disco rayado pero, hace mucho que no me preguntaban eso de manera tan
sincera – Tenia atoradas las palabras en la garganta, pero algo la detenía.
-Creo
que no es el momento de hablar de eso Adri, no quiero abrumarte con mis
problemas.
-Lo
entiendo, disculpa por ser imprudente, créeme que solo quiero ayudarte, tal vez
podría hacerte sentir un poco mejor.
-Mejor
cuéntame de ti, ¿Por qué te despidieron?
-La
versión corta es, confié en las personas equivocadas, firme documentos donde
estoy prácticamente cediendo mis derechos, y ahora son suyos, cuando me entere
me sentí completamente apaleado, quise buscar venganza, pero la realidad es que
no sé qué podría hacerles, lo único que se me ocurre es competir con ellos,
pero no le veo el caso, y ahora me están bloqueando otros sitios para trabajar.
-Y
tu novia, ¿No te apoyo?
-No
existe tal novia, o pareja de hecho ella fue así decirlo, quien me hizo ceder
mis derechos, me duele más su traición que todo lo que me quitaron, mi
confianza quedo rota – Toda esa historia la narraba con mucho pesar y tristeza.
-¡Ay!
Adri, lamento escuchar eso – Como yo ella puso su mano izquierda en mi hombro
en señal de apoyo.
-Pero
bueno, esto solo es momentáneo, encontrare la forma de darle la vuelta a este
problema, y después todo volverá a estar bien, o al menos a eso aspiro.
-Lo
sé, eres muy tenaz – su rostro se volvió muy cándido, y cerró los ojos
demostrando su confianza en mis palabras, yo volví a agarrar una de sus
mejillas.
- ¡Ay!
Eso no se hace malvado, yo tendré que hacer lo mismo.
Como
si fuésemos un par de niños, empezamos a hacernos cosquillas, y a pellizcarnos
las mejillas de manera tierna e inocente, yo no me dejaba y ella tampoco, en
ese momento, deje de concentrarme en mis problemas y disfrute el momento, muy
en el fondo sabía que posiblemente no habría una segunda oportunidad de
hacerlo.
De
un momento a otro empecé a ganar la pelea de cosquillas y pellizcos, hasta que
quedo un poco arrinconada contra la puerta del copiloto.
-¿Te
rindes?
-¡No!
– Dijo fuertemente mientras me empezó a picar las costillas.
-Oye,
no es justo eso no se vale.
-¡Yo
hago mis reglas!
Ella
me arrincono contra el asiento del piloto, y yo puse mis manos frente a mi en
señal de defensa.
-¿Te
rindes? – La tome rápida y suavemente de las muñecas.
-¡No!
–Empezó a hacer fuerza, pero hizo tanta que termino dándome un cabezazo en la
cara, rápidamente solté un grito ahogado.
- Perdón
Adri, perdón – El golpazo me había dolito bastante, ella tenía su cabeza sema
agachada y la subió lentamente, así que quedamos frente a frente muy cerca uno
del otro, no recuerdo si fue mucho o poco tiempo, pero permanecimos así hasta
que ambos nos ruborizamos.
-Lo
lamento… disculpa por darte un cabezazo.
-No
pasa nada – Sonreí, aunque la nariz me estaba matando de dolor.
Ambos
nos incorporamos rápidamente, y ella volvió a sentarse correctamente, aunque
nuestro rubor era evidente, me vi por el espejo retrovisor y luego a ella, me
estaba evadiendo la mirada.
-¿Quieres
que te lleve a casa?
-Aun
no… ¿Podemos esperar un poco más? – Sus ojos parecían los de una niña que había
sido regañada y suplicaba que no llegara el castigo.
- ¿A
dónde quieres ir entonces? – Pregunte.
-Donde tú quieras.
Capitulo ¿?
La historia que jamás ocurrió.
Fuimos
a un café y estuvimos recordando anécdotas de cuando éramos pequeños, de cómo
me subí a la rueda de la fortuna solo por agradarle, de la vez que pase a
recitar un poema el día de las madres y ella estaba enfrente de mi viéndome con
cara de te voy a matar, también la ocasión en que ella se había peleado con
otra compañera por romper nuestra maqueta, De la misma manera recordamos la
ocasión que nos habían obligado a besarnos.
- ¿Recuerdas
que una vez le tiramos pintura azul al perro del director?
-Si
Ana, esa fue tu idea, no sé cómo me convenciste.
-Pues
seguro fue por mi linda sonrisa, y mi hermosa personalidad.
-Yo
creo que era otra cosa, pero bueno.
-Ah
¿Si? ¿Qué? ¿Qué estabas enamorado de mí? El señor ingeniero en sistemas, estaba
enamorado de una chica común de su pueblo – Dijo en tono sarcástico.
-Eres
muy simpática, lo dices de tal manera como si fuera algo malo.
-¿Qué
tiene de malo aceptarlo? Yo sé que te morías por mis huesitos– Me miro
entrecerrando los ojos.
-No,
nada, es como si yo te dijera que en fondo querías vivir una relación
apasionada y nebulosa conmigo.
-Bueno.,
si lo pensé, no es como que nunca me pasara por la cabeza, es solo que me dabas
algo de miedo en ese sentido, a veces también era inestable emocionalmente.
-¿De
verdad? ¿Por qué? – Su respuesta me había desconcertado por completo.
-Porque
eras demasiado intenso, eso me daba miedo, imagina que hubiéramos tenido un
problema equis, no se un ataque de celos de tu parte, por ejemplo, un poco de
celos en una relación no es mala, pero tú te pasabas en eso, y eso que no
éramos novios, me recriminabas muchas cosas con Ricardo.
Tenía
toda la razón, en aquellos momentos era un chico demasiado explosivo y
voluntarioso, me dejaba dominar por mis emociones más básicas, y no solía
actuar muy bien, podía ser grosero o muy pedante.
-Debo
decir, que estas en lo correcto, yo era así, pero con el tiempo y la
experiencia, he ido mejorando, claro que no ha sido fácil – En ese instante
recordé los problemas que había tenido por la misma situación.
- ¿Me
estás dando la razón?
-Sí,
porque la tienes, yo así me comportaba.
-Vaya,
sí que has cambiado, y eso me alegra, hace unos años te habrías aferrado a que
no tenía la razón, tu nuevo yo es mucho mejor, e imagínate ahora creo que has
sacado tu mayor potencial.
- ¿Tú
crees? Al final… madure, aunque no todo el tiempo, pero creo que es algo
completamente normal ser irracional a veces.
Teníamos
años que lo conocíamos aquel café, su ambientación rustica con música de
guitarra acompañando a los comensales para amenizar el ambiente, este se
encontraba muy bien escondido, ideal para las parejitas de enamorados que
deseaban algo de privacidad. De manera tal vez inconsciente de parte de los
dos, no queríamos ser descubiertos, y nos aprisionábamos en nuestra cafetería,
como si de un bunker impenetrable se tratase.
Ella
había pedido un té de limón con hierbas de menta, por mi parte hacia mucho que
no tomaba un café americano expreso, además ordene una rebanada de pastel de
queso y ella uno de zanahoria. Ambos comimos de nuestras rebanadas salvo que yo
me termine la mía muy pronto.
-Eres
un glotón, se supone que deberías esperar a beberte tu café y comer el paste
para que duren más o menos lo mismo –
Empezó
a regañarme mientras me terminaba en pocas cucharadas el pastel, y con su
última frase yo me quede mordiendo mi pequeña cuchara.
-No
me regañes, el pastel estaba muy bueno.
-En
eso sigues siendo igual – Ambos reímos - ¿Quieres del mío? – agarro su cuchara
y le quito una pequeña porción al su pastel.
-
¿Segura?
-Venga
hombre, no te voy a contagiar nada, ¡Prueba! – Acerco mucho la cuchara hacia mi
boca, y deguste de su invitación, el sabor era muy refrescante, el sabor de la
zanahoria invadió mi paladar y después mi garganta, no se parecía a ningún otro
que yo hubiera probado, pero muy probablemente, era porque antes había estado en
sus labios.
-
¿Qué opinas Adri? Esta rico, ¿verdad? – Busco mi aprobación, yo sonreí y afirmé
con los ojos.
-
Puedo asegurarte, que el sabor es único.
En
ese momento nuestras miradas se cruzaron, e inmediatamente sentí el contacto
penetrante de sus ojos marrones oscuro. Sus ojos se tornaron intensos y muy
destellantes, mientras más los veía, me sentía aún más atrapado entre ellos,
sus pupilas destellaban mientras crecían, me sentí abrumado, pero no quise
dejar de verla, de manera automática acerque mi mano derecha a su mejilla
izquierda, la sostuve por un momento y la acaricie suavemente con el dorso.
-Jamás
había sentido así tu presencia Ana, mucho menos tu calor, incluso ese perfume
tuyo, aunque es muy sutil, me gusta bastante - Articule una sonrisa y pase
suavemente mi dedo índice para marcar sus labios, ella no decía nada, solo lo
permitía, pero una vez que termine de sentirlos hablo.
-Y
yo, no creo haberte visto como ahora, tan diferente, tan hombre – Sonrojándose
con sus últimas palabras, parecíamos dos adolescentes, quienes experimentaban
su primera cita y la química hacía de las suyas.
- ¿Cuántos
años han pasado para este momento? – Pregunte.
- ¿Eso
importa? – Sentí un tono un poco molesto en su pregunta, alejo mi mano de su
mejilla y tomo un sorbo de su bebida.
-
Me importa, porque nunca pensé que podría pasar.
-No
bromees con eso Adri, ¿Por qué no permitiría que me tocaras?
-Esa
misma pregunta podría hacerla yo.
Ambos
tomamos posturas de mayor seriedad, ese momento fue realmente incómodo para
ambos, la diferencia es que yo ya no era el mismo muchachito torpe de hace
quince años, así que empecé a jugar con las cartas que la vida misma me había
hecho ganarme a pulso.
-Sabes
Ana, a pesar de todo, aunque frunzas el ceño, sigues viéndote realmente hermosa,
siempre aprecie tu largo cabello, y el tomo de tu piel sonrosada – Note
perfectamente que esa mirada de furia pasiva, cambiaba a uno más relajado., así
que continúe.
-Si
yo supiera que esta es la última vez que yo podría verte a los ojos, creo que
podría decirte muchas cosas.
-¿Por
qué le das tantas vueltas a todo? Si quieres decir algo, solo dilo – Ella
volvió a sonreír – No tiene que ser la última vez para que te animes a decir
las cosas.
-No
se trata de eso, sino que me puse a pensar de cuando éramos unos niños pre
adolescentes, y no te dije ciertas cosas que me habrían gustado, como que eres
una mujer realmente hermosa, tos ojos tiene el tamaño perfecto para hacer
lucirte sublime y al mismo tiempo delicada, haciendo que tus facciones revelen
un rostro bellamente femenino – Su reacción fue de asombro y después a sonrojo.
-
Por favor para… - Lo dijo con una voz tímida – No creo que sea el momento para
que me digas esas cosas, además puede ser que solo sea el momento y no lo
sientas realmente, han pasado muchos años como para que me sigas viendo igual,
yo misma he cambiado mucho.
-
No es solo el momento., sigues siendo una mujer realmente bella, tal vez no
esperabas esto de mi parte, y tienes razón, han pasado muchos años, pero negar
la parte de mi corazón que estuvo perdidamente enamorado de ti, sería como
rechazarme yo mismo.
- ¿Quieres otro cabezazo verdad? – Ambos volvimos a reír.
Capitulo ¿?
La despedida
Salimos
de la cafetería, ya era de noche y ella telefoneo a casa de sus padres, quería
saber si sus hijos estaban bien, por mi parte tenía muchos mensajes de texto
sin leer, todos eran de la misma persona, una mujer que había dejado atrás en
ciudad de México, insistía en que nos viéramos una vez más, que me explicaría
como habían sucedido las cosas realmente, también que no me había traicionado
como yo pensaba, no respondí ninguno., los seguí ignorando.
- Listo
Adri, le avise a mi mamá que te había encontrado y que regresaría un poco más
tarde a casa, que tú me llevaras.
-
¿Segura que no hay problema?
-
Tranquilo, de hecho, ella me dijo que me divirtiera.
Ella
me tomo del brazo y empezamos a caminar hacia el parque, las calles se
iluminaban por diversos focos y farolas de colores, algunas caras conocidas nos
veían con curiosidad, pero no se animaban a hablarnos, Ana parecía muy
tranquila, incluso podría decir que se veía feliz.
A
mi mente llegaron muchos recuerdos, de lo que habría dado por pasear con ella
en mi adolescencia, y no es que no lo disfrutara ahora, pero era muy diferente,
puesto que mis sentimientos habían cambiado, había aprendido a querer de una
forma diferente y a vivir las cosas, una a la vez.
Suavemente
pase mi mano por su cintura y la abrase pegándola hacia mí, ella no dijo nada,
simplemente se acurruco en mi para seguir caminando.
-Adrián.,
¿Ya te das cuenta? Ahí fue donde nos conocimos – Señalo la fuente de piedra de
la ciudad.
-No
podría olvidarlo, ibas con tu mamá, y yo estaba sentado contando los pesos que
tenía en mi bolsa, por un momento te separaste de tu madre y me preguntaste si
el peso en el suelo era mío.
-
Pensé que tal vez lo había olvidado.
-
Para nada, si tu sonrisa la tengo tatuada en mi mente.
Nos
sentamos en la fuente, alrededor nuestro pasaba mucha gente con mucha
algarabía, sin notarlo ambos estábamos tomados de las manos, señalando algunas
cosas que nos parecían curiosas, cualquiera que nos viera podría jurar que
éramos una pareja, aunque en realidad nunca lo hubimos sido.
-Ven,
acércate, nos tomaremos una foto.
Me
abrazo con fuerza y saco su teléfono para tomarnos la foto, acerco su mejilla a
la mía y después los dos sonreímos mientras ella apuntaba la cámara frontal, la
verdad es que era nuestra primera fotos juntos, a pesar de conocernos desde
hace tanto tiempo, no teníamos una foto juntos, podría decirse que no eran tan
común cargar con una cámara todo el tiempo como hoy día con los celulares, las
fotos eran reservadas para momentos especiales, ya que una foto era una prueba
viviente de que eso ocurrió, además del número limitado que podía tomarse
aunado a que muy probablemente la foto saldría distorsionado o tapada por un
dedo gigante atravesado.
-
¡Ey! Me estas apretando mucho – Mi amiga se quejó rápidamente, puesto que no me
había dado cuenta de que la estaba presionando demasiado con mi mano en su
cintura.
-
Lo siento, no fue mi intención.
-
Cálmate, no es para tanto, solo no seas brusco.
Esas
mismas palabras me las había dicho años atrás, después de estar en una
situación similar, suavemente dejé de presionar su cintura, mientras ella seguía
tomando fotos, movió un poco su cara y me dio un beso dulce en la mejilla,
sentí sus suaves labios rozar mi piel, me estremecí por dentro, era parte de la
galería de fotos que nos estábamos tomando.
En
un instante quise hacer lo mismo, sin dejar de mirar a la cámara y volteé para
darle un beso en la mejilla, al momento de intentar hacerlo, también hizo lo
mismo, sentí el roce de sus labios con los míos, el roce fue húmedo y muy
suave, al notarlo, ambos nos vimos a los ojos, pero sin separarnos uno del otro,
sentir la humedad de sus labios me pareció exquisito, acompañado de una mirada
intensa y llena de ternura, solo me vio a los ojos unos segundos para enseguida
cerrarlos lentamente, entregándose en ese beso enervante.
Sentí
un calor interno que me estremeció, mi respiración se volvió pausada y mis ojos
se fueron cerrando lentamente, la tome de las mejillas y continúe unido a sus
labios, mi deseo por sentirla mía creció de manera egoísta explotando en mi
mente y alterando mi corazón, con una intranquila suavidad, mis manos la
acercaban a mi aprisionando su cuello, hasta sentir su cuerpo completamente
junto al mio, presionando su pecho con mi ser.
Ella
me rodeo con sus abrazos al redor de mi cuello de una manera más brusca, puesto
que nuestra disparidad en tamaño la obligaba a ejercer una fuerza mayor que la
mía., ignoro el tiempo que estuvimos tan cerca, pero al separarnos, ambos
enmudecimos sonrojados.
-Fue
justo como lo imagine…
- ¿A
qué te refieres Ana?
-Ya
no eres un niño – Me sonrió dulcemente y sonrojada – Hace años no habrías hecho
esto, seguramente te hubieras echado a correr.
Nos
encontrábamos abrazados, para ese entonces, sentía completamente su cuerpo
suave y cálido, la incomodidad se había ido mientras que nos acercábamos más el
uno al otro.
-Las
cosas han cambiado, los dos ahora somos diferentes, tal vez mejores que hace
años, la diferencia concreta es en cómo vamos a tomar nuestros actos, y en este
momento creo que ambos deseamos lo mismo. Y en este momento no deseo estar con
otra mujer que no seas tú.
Sus
mejillas estaban sonrosadas, su exhalación se hico densamente calidad, mientras
nos veíamos a los ojos, intento desviar su mirada, pero no podía dejar de mirar
mis labios, así como yo no podía dejar de ver los suyos.
-Deja
de mirarme así, me pones nerviosa ¿sabes? – Dijo tímidamente, mientras se
separaba lentamente de mí.
-Lo
siento, no tengo otra mirada – Sonreí.
-
¿Y ahora? ¿Qué es lo que sigue? ¿Nos juramos amor eterno? ¿Pensamos en el
futuro? – Sus preguntas fueron en un tono muy sarcástico., pero igual fueron
desconcertantes.
-
No estoy acostumbrado ahora a planear el futuro, me he encontrado con que nada
está escrito, ahora creo que es el momento que te lleve a casa, seguirá una
despedida corta, no te juraría amor eterno porque ni siquiera sé si estaré el
día de mañana., claro que vamos a pensar en el futuro, siempre hacemos eso.
Mis
respuestas fueron secas y ásperas, ya que también noté cierto reclamo en sus
preguntas, la situación no era para nada fácil o cómoda, pero se estaba tensando
demasiado, y tenía que ir con cuidado., si bien en su momento estuve
perdidamente enamorado de ella, ahora controlaba más mis sentimientos y aun
debía descubrir lo que realmente quería.
-
¿Solo eso? – Molesta me dio la espalda – Pensé que dirías otra cosa., tal vez
podrías ser más hozado o que se yo.
-
¿Esperabas algo más de mí?
-
¿Tu qué crees? ¿A caso tendría que decírtelo? Si es así, entonces no lo quiero.
-Lamento
que pienses de esa manera, podría ser mucho más hozado como dices, pero no
acostumbro mentirles a las personas que realmente me importan, si quieres
hipocresía o arrebato, conmigo no lo encontraras, ya que no eres cualquier
mujer para mí.
-Eres
un tonto – Su mirada ensombreció., pero al finalizar esas palabras la abrace.
-Te
quiero, y no quiero tomar las cosas como un juego fugaz, pero tampoco invertiré
mi tiempo con algo que se perfectamente que es demasiado difuso., no me has
dicho casi nada de ti, ni de tu situación y mucho menos de lo que quieres,
merezco la verdad de tu parte, aunque sé que en este momento no me la darás.
-
¿Por qué seguiste besándome entonces?
-Porque
lo deseaba tanto como tú.
Sus
ojos se humedecieron y se acercó a mí para darme un beso ahora más intenso, más
vivo y con deseo encarnado en pasión y desenfreno, yo respondí de la misma
manera.
Cuando
nos dimos cuenta del tiempo, pasaban de las diez de la noche, nos dirigimos a
mi coche y emprendimos el regreso a casa., ambos estábamos callados, tratando
de ocultar el desenfreno de nuestros sentimientos.
-
¿Te llevo a tu casa?
-
No lo sé, aun quisiera que no terminara nuestra cita.
Puse
mi mano sobre su muslo izquierdo, lo acaricié suavemente.
-Vamos
– Arranque el coche.