La esfera, había dado la
última misión, una batalla se disputó en el cielo teñido de rojo carmesí, los
poderosos rayos de sol, se veía reducidos a un resplandor marrón vivo, mientras
un chico corría desesperado por su vida, vistiendo un traje negro del cual
salían de los capacitores metálicos un líquido azuloso, y fue entonces cuando
fue interceptado por un grupo de gigantescas sombras de cuatro ojos de aspecto
humanoide, no sabía lo que murmuraban, pero claro estaba que mofaban de los
pobres intentos de defenderse, pero él no aceptaría ese destino, no ahora que
había llegado tan lejos., cerró los ojos un momento.
El despertador sonó a las
cinco de la mañana, Alberto se disponía a prepararse para ir a la UP
(Universidad de Puebla), se levantó desganado y obligo a su cuerpo a ir la
ducha en su pequeño departamento de estudiante, se miró en el espejo del baño y
le desagrado su aspecto, había dormido muy poco, las pesadillas invadían su
mente y perturbaban su descanso.
- ¿Por qué hago esto? – Se preguntó
a sí mismo, puesto que llevaba años repitiendo la misma rutina, ir a la
escuela, estudiar, comer y dormir, repitiendo esto de manera perpetua hasta que
terminara su carrera, y no solo era falta de motivación, sino una enorme
tristeza interna.
Después de asearse y ponerse
el uniforme, miro una foto que estaba a un lado de su cama.
- Solo sigo por ti… - Tomo
sus cosas y después salió del departamento, aún era de madrugada., el sol
saldría pronto, pero la oscuridad predominaba en varias partes de la calle,
algunas personas apresuradas para empezar su día no le dirigían ni la mirada, y
uno que otro le dedicaba una mirada indiferente.
Se aproximó a la parada de
camiones para abordar el próximo, tomando su lugar en la fila, algunos
vendedores ambulantes se acercaron para ofrecer una bebida caliente, tal vez
café o una bebida de avena., pero simplemente los ignoro.
- ¿Te has enterado? – Unas
personas frente a él empezaron a hablar.
- ¿De qué? – Respondió un
poco indiferente la otra persona., eran dos señores de mediana edad,
probablemente trabajadores de una construcción.
- Pues eso, anoche Paolo dijo
que habían encontrado otro cadáver cerca de la construcción, dicen que parecía
como si una bestia salvaje lo hubiera atacado, un oso dicen.
- ¿Un oso? Como serás pendejo
crédulo, ¿Cuándo se han visto osos en la ciudad? Es más probable que fuera
atacado, ya sabes por los entes, te
lo digo, hay cosas que nos está ocultando el gobierno, muy probablemente sean
marcianos.
Su compañero lo vio aún más
escéptico.
- ¿Dice que el pendejo soy
yo? Y me estás hablando de extraterrestres, ¿entes?, luego van a querer enviar
un cura a la construcción para que no nos chupe el diablo, si serás… estúpido.
-Bueno, como sea, está
muriendo personal, yo creo que, si aparece otro muertito, dejare de trabajar
ahí, y ya encontrare otro “jale”.
-Genial, menos gente estúpida
crédula y más dinero para los que nos quedamos.
Después de escuchar lo último
Alberto se colocó sus audífonos y se puso a escuchar una melodía acústica de
piano, subió todo el volumen para dejar de escucharlos, la sola idea de
espíritus o aliens, se le hacía muy descabellada.
Una vez que llego a la
universidad, observo a una de las chicas populares, su nombre era Marín, alta,
de cabello castaño largo ondulado, ojos grandes y marrones intensos, piel
blanca y facciones muy finas acompañadas de un maquillaje tenue, se contoneaba
por todos lados, y era rápidamente abordada por hombres y mujeres por igual. A
Alberto le gustaba observarla de lejos, y constantemente fantaseaba con la idea
de estar por una vez en la vida, más cerca de ella.
Mostraba un perpetuo rostro
indiferente ante todos, para que lo dejaran tranquilo, no era un enclenque,
pero tampoco partidario de las peleas, a diferencia de muchos otros chicos que
eran acosados constantemente.
La campana de la entrada sonó
y las clases comenzaron, el día transcurrió de manera monótona, estudiar, tarea
y continuar con la próxima asignatura, intercalando entre los diferentes
talleres, ya fuera de computación o de electrónica, que era lo que él
estudiaba.
Una vez concluidas las
clases, se dirigió hacia su casa, quería caminar y tomo el camino largo que
pasaba por el centro, todo era bullicio a esa hora, cartelones de propaganda,
el estruendo de los coches, y el cielo gris que solo Alberto podía contemplar.
-El final está cerca
hermanos, debemos unirnos, unirnos para que esta catástrofe no suceda.
Un viejo indigente conducía
la oratoria vespertina del fin del mundo, señalando que todos eran pecadores,
pero que podían salvarse, si se unían contra ese mal., Alberto movido por la
curiosidad se acercó, muchos lo escuchaban atentos, otros solo se mofaban de la
pestilencia de aquel hombre.
-Todos vamos a morir, pero
aún hay esperanzas hermanos, unámonos en oración y pidámosle a Dios por todos
nosotros, por un rayo de esperanza.
-Ya escucharon al viejo loco
– dijo alguien entre el público – Pónganse a rezar, dejen de trabajar y todo va
a estar bien, nos lloverá del cielo pan, vino y no se olviden de los pescados.
Rápidamente la multitud
empezó a ofenderlo e incluso a lanzarle cosas, el indigente se cubría con sus
manos para aminorar el daño., rápidamente varios policías se acercaron y
pararon el disturbio., aunque rápidamente se empezó a hacer una trifulca, entre
todos los que estuvieran ahí, las madres jalaron violentamente a sus hijos para
apartarlos del peligro y otros como Alberto corrieron para escapar, pero del
tumulto se escuchó un grito estruendoso de una mujer, a la que le habían
arrancado su bolso de las manos, el estudiante paro en seco, puesto que truhan
se dirigía hacia él.
El tipo se veía corpulento y
mucho más alto que el, al instante le clavo la mirada y Alberto tuvo miedo.
- ¡Agárralo muchacho! ¡no lo
dejes ir! – Gritaron muchas personas, pero él ni siquiera pudo mover un musco,
dejando que aquel ladrón escapara de la escena.
Al momento, todos empezaron a
abuchearlo, y la señora se acercó rápidamente hacia él, su pronunciado cuerpo,
hacía que el movimiento fuera aparatoso., pero llego hasta Alberto.
- ¿En que estabas pensando
imbécil? ¿Por qué no lo detuviste? Ahí llevaba todo el dinero de mi quincena,
¿ahora qué voy a hacer? ¿A caso me lo vas a pagar? – La furia de la señora se
desbordaba por su piel enrojecida además de sus ojos inyectados en sangre,
descargo verbalmente su ira, hasta que empezó a faltarle el aire., y de eso
también culparon al muchacho.
- ¡Mira lo que hiciste
idiota!
- ¡Es tu culpa!
- ¡Pendejo, ya viste lo que
haces!
Alberto huyo de aquel lugar,
corrió hasta que sus piernas no pudieron más, se sentía muy mal, atacado por
todos, sin haber hecho nada ¿Y si ellos hubieran estado en su lugar? ¿Y si por
detenerlo aquel ladrón le hacía daño? ¿Por qué todos se sentía con derecho a
juzgarlo? Su cabeza era una maraña de pensamientos y preguntas.
Estaba ya muy cerca de su
departamento, y se dirigió hacia él, y una vez que entro, cerró la puerta y se
desplomo sobre su cama, cerró los ojos y se quedó dormido.
Pasaron algunas horas hasta
que volvió en sí, era de noche, aproximadamente las ocho., tenía bastante
hambre, se levantó y tomo un poco de dinero que guardaba entre su ropa, y salió
a comprar víveres, bajo las escaleras y escucho una voz familia, era la de Marín,
la zona donde él vivía era conocida por tener muchas pensiones y renta de
departamentos, así que no era raro encontrarse con alguien de la universidad.
Se la encontró de frente, y
rápidamente articulo una sonrisa y le dijo un suave “buenas noches” el cual
ella devolvió con cortesía, posteriormente salió y a tras de él ella se iba de
la mano con un tipo fortachón, al cual el no logro distinguir., pero se dio
cuenta que iba hacia una zona muy peligrosa, él se tenía así mismo ir a ese
sitio.
Una alerta se encendió en él,
y con una distancia prudente empezó a seguirlos, caminaron un tramo
considerable y se metieron a un callejón., se acercó y escucho.
- ¿Es seguro comprarle a este
tipo? – Dijo ella muy asustada.
-No te preocupes muñeca, soy
cliente de este tipo desde hace mucho, vende de la buena, además el me conoce y
sabe que pago bien, nadie nos hará nada.
Alberto se sintió un poco
aliviado, solo comprarían “ese producto” y se irían, se dispuso a regresar
lentamente, hasta que escucho un grito desgarrador.
- ¡Ernesto! ¡NO! -
rápidamente el estudiante regreso y pudo contemplar una asquerosa escena.
Atónito abrió los ojos y
entre las sombras vio como una bestia de gran magnitud se mordida el cuello del
muchacho con unas gigantescas fauces, colmillos titánicos desgarrando con
facilidad el cuello del muchacho, Marín salió corriendo de la escena, la bestia
fue tras ella, se abalanzo saltando, la chica paso justamente a un lado de
Alberto, sus miradas se cruzaron por un segundo para que el después volteara a
ver e interceptar a la bestia, esta lo tendió en el suelo, instintivamente
antepuso su brazo derecho y la bestia lo mordió con mucha fuerza.
Alberto desesperado grito a Marín.
- ¡No me dejes! ¡AYUDAME!
¡POR FAVOR!
Mientras ella corría, volteo
un instante hacia atrás, gesticulo algo mientras corría y de alejo.
La bestia apretó con fuerza,
sus afilados dientes desgarraron la suave piel de Alberto, hasta que
encontraron el hueso, sintió de forma vivida, como sus fauces hacia pedazos su
radio y humero.
El miedo lo invadió por
completo, sus ojos se pusieron cristalinos, y en un instante la bestia le
arranco todo el brazo, era el peor dolor que jamás había experimentado, la
sangre manchaba el piso, estaba a punto de desmayarse, sus ojos se nublaron,
intento hacer presión para que la sangre dejara de salir, pero le fue
imposible, todo parecía en cámara lenta, y esa cosa iba a asestar el golpe de
gracia.
Alberto se sintió al límite,
estaba enojado, triste, impactado y decepcionado, iba a morir, gran parte de su
vida, había sido un cobarde, y ahora simplemente moriría, aunque fuera por un pequeño
instante se aferró a la vida, pidió ayuda, pero nadie vino.
La bestia acerco sus fauces a
su oreja izquierda.
-Tienes buen sabor, el miedo
hace que desee comerte aún más.
Desesperado, Alberto empezó a
moverse abrió la boca lo más grande que pudo y mordió el cuello de esa bestia,
con todas las fuerzas que le quedaban., se aferró a la carne que estaba
mordiendo, la bestia lo aparto de un empujón, pero no impidió que le desgarrara
el cuello y la sangre empezó a abandonar su cuerpo, camino unos instantes y
después cayó al suelo junto a él.
-Bien jugado… humano… bien… -
Y bestia se desplomo.
Alberto, bañado en sangre miro al cielo y contemplo la luna, mientras todo se volvía negro.
En la profunda obscuridad se
revelo una luz, ¿A caso era el sendero al cielo? Alberto empezó a abrir los
ojos, estaba en piso de un cuarto sin amueblar, con las paredes algo derruidas
y pintadas de un espantoso color azul cielo.
Parpadeo un par de veces para
enfocar correctamente la vista, se tallo ambos ojos y dio un pequeño
sobresalto.
- ¿Mi brazo? ¿Pero cómo?
Rápidamente busco rastros de
sus heridas, pero no encontró nada, inclusive su uniforme de estudiante estaba
impoluto., rápidamente se levantó y se quitó el saco y después la camisa, pero
su cuerpo estaba en perfecto estado, todo esto le causo mucha ansiedad, su
respiración se aceleró y el corazón revoloteaba como loco.
Miro hacia todos lados, y al
instante se percató que había una gigantesca esfera donde se supone que debería
estar la sala de aquel departamento, de ella salía una melodía conocida.
- ¿El himno a Puebla? –
Respiraba con brusquedad, pero intentaba relajarse, rápidamente busco la puerta
de salida, tal vez había sido víctima de un secuestro y lo habían drogado, eso
explicaría las alucinaciones o posiblemente seguía dormido, mientras se dirigía
a la salida, golpeo fuertemente su cara, pero el dolor era bastante real, no
tuvo ningún efecto.
-Esto no pude estar pasando,
¿Qué demonios hago aquí? – Se estaba volviendo loco, a su mente iban y venían
las imágenes de la bestia, lentamente intento toca el pomo, pero no pudo.
- ¡Dios! ¡Dios! ¿Por qué no
puedo tomar el pomo? –
Y como si de un vidrio
completamente transparente se tratara, le impedía salir, corrió hacia las
ventanas, observo por ellas y todo parecía normal, autos en el camino, personas
pasando por las calles, incluso en el edificio contiguo podía observar a
personas a través de las ventanas, grito con todas sus fuerzas, pero no sucedió
nada.
- Esto no está pasando –Se
repetía desesperado una y otra vez., cada instante sentía que la respiración lo
abandonaba.
De pronto la esfera emitió un
rayo multicolor apuntando hacia metro y medio de distancia, dibujando la
silueta de una mujer desnuda.
Alberto observo incrédulo y
ahora estaba más asustado que nunca, aquel cuerpo femenino era el de una mujer
muy joven, no mayor de quince años, estaba inconsciente, el estudiante con
timidez se acercó a ella, intento despertarla de manera suave, pero ahora tenía
un millón de preguntas merodeando por su cabeza.
Tomo su saco y camisa para
cubrirla, mientras suavemente movió su cara para intentar despertarla., ella
abrió los ojos lentamente, pero al enfocar sus ojos, la jovencita actuó por
reflejo y golpeo con todas sus fuerzas en la cara a Alberto, dejándole
enrojecida su mejilla izquierda, ella se levantó cubriendo su cuerpo y su
expresión fue de absoluto terror.
- ¡No más! ¡por favor! ¡no más!
-
-Tranquila, no voy a hacerte
daño – Rápidamente se tomó con fuerza la mejilla lastimada – Fuimos raptados
por algo y ahora no.
-Cállate mentiroso, yo solo
quiero ir a casa, ¡¡ALGUIEN QUE ME AYUDE!! – Chillo la niña, mientras se movía
de un lado a otro.
Nuevamente el rayo empezó a
dibujar a otras dos siluetas, ahora eran un par de muchachos, probablemente de
la misma edad que Alberto., se miraron el uno al otro y después a los otros dos
que estaban con ellos.
- Esto si está muy loco, mira
ya hasta estamos en otra habitación, esa cosa que conseguiste fue de la buena –
A la vista salía que eran un par de mendigos narcotizados, la mirada de ambos
era perdida, la muchacha no aguanto y se dirigió a lo que parecía ser la
salida, pero al igual que Alberto, no pudo tocar la manija.
Los nuevos chicos se sentaron
en el piso y de su ropa sacaron una bolsa de plástico con color marrón, se
recargaron el uno con el otro y se quedaron callados, mientras que el himno a
Puebla, se repetía una y otra vez.
Posteriormente se dibujó la
silueta de una mujer, pero esta lucía un extraño traje de cuerpo completo muy
similar a la goma, además de que en varias partes tenia incrustaciones
metálicas.
Tenía un cuerpo delgado y con
unos pechos pequeños, de cabello corto y rostro afilado, con ojos penetrantes,
los miro a todos y rápidamente abordo a la chica y le dedico una mirada
despectiva a Alberto.
- ¿Disculpa quién eres? – Le
pregunto el muchacho, pero ella no respondió, y rápidamente se acercó a la
muchachita y le dedico una sonrisa.
- Tranquila, ya estas a
salvo, ven déjame ayudarte- El rostro de la jovencita se ilumino y se sintió
aparentemente más segura –Vamos, te ayudare a limpiarte y vestirte ven.
- ¿Alguno de ustedes les hizo
daño? – Observo a los drogadictos que eran más peligrosos para sí mismos, que
para alguien más y observo que Alberto estaba en camiseta.
- ¿Fuiste tú?
-No… yo… hace un momento fui
atacado por una cosa y…
-Bien., ni se les ocurra
acercarse a la habitación y lo matare – Su voz fue muy seca y con un tono
macabro.
Alberto se sintió intimidado
y se fue a un rincón cerca de la esfera, tomo su saco y camisa del piso, e intento
volver a vestirse, y otro haz de luz salió de la mega esfera, dibujando a un
señor de mediana edad obeso, también vistiendo el traje de color negro.
Tenía la coronilla
completamente pelada, y con algunos cabellos a los lados, de nariz boluda,
tenía una evidente papada, pero con una mirada noble, el estudiante de la UP,
vacilo y solo se limitó a observarlo, aunque este personaje tampoco dijo una
sola palabra.
Rápidamente otra luz
multicolor salió, y después dos más, se dibujaron una chica de cabello largo
muy ondulado y de rostro aniñado, las otras dos eran de un par de hombres, uno
de edad algo avanzada y otro de un chico de lentes y cabello largo.
Todos los de traje se
reunieron y empezaron a conversar entre ellos, el más viejo parecía ser quien
los lideraba.
-Muy bien, ahora son menos
que la vez anterior, o esto va a estar muy fácil o por el contrario nos lo
pondrá mucho más difícil, ese niño no creo que dure mucho sin ayuda y los otros
dos, si están drogados serán presas fáciles – Dijo el hombre mayor, el cual
tenía un rostro severo, de barba prominente de color plata., el tono de su voz
era bastante fuerte.
-No es nuestra obligación el
protegerlos, no arriesgare la vida por alguien que no conozco – Le debatió la
chica de cabellos ondulados – Ya tenemos mucho trabajo cuidando al cuatro ojos.
- ¡Ey! no es mi culpa no
tener el mismo instinto asesino que tu loca. – Ambos se clavaron la mirada.
-Debemos de apoyarnos, la
unión hace la fuerza, además si es son enemigos muy fuertes, puede que unas
manos extras nos ayuden – Opino el viejo obeso bonachón.
-Muy bien, entonces les daré
la “bienvenida” y que el ser omnipotente se apiade de sus almas y me refiero a
esa cosa – Señalo la esfera.
Guardo silencio y después se
puso en medio del cuarto, aclaro un poco la garganta y empezó.
-La situación es la
siguiente, estamos jodidos, pero ustedes mucho más que nosotros, esto no es
cielo, y en efecto todos los que estamos aquí, ya hemos muerto por lo menos una
vez, algunos de formas horribles, otros simplemente por algo de mala suerte,
pero este es mi pequeño pedazo de infierno y yo mismo soy el diablo., pero no
deben temer, tampoco pedir ayuda al que creen que es su creador, ya que para
términos prácticos nada de lo que ven realmente es y no es a la vez, al menos
esa es la teoría.
Esta noche vamos a salir a
matar “animales”, serán muy feroces, ¿Por qué lo hacemos? No tengo ni la menor
puta idea, ¿Moriremos? Es muy probable, tenemos una oportunidad, si ustedes se
visten con estos trajes negros como nosotros, su fuerza aumentará, su velocidad
será mejor, tendrán gran fuerza y su resistencia será sobre humana, y además
podrán utilizar armas muy fuertes para ayudarles a enfrentar a estas “COSAS”,
que lo crean o no, me importa una mierda.
Cuando el termino sus
palabras la esfera se abrió de ambos costados como su fuera un largo archivero,
del cual se veían armas y cajas metálicas, el chico de lentes se acercó a
ellas, tomo una y se la dio a Alberto.
-Hola compañero, soy Mario
¿Eres?
-Alberto, pero que demo…
-Esta caja es tuya, ponte el
traje, no quiero ser grosero, pero en un momento se iniciarla la transferencia,
esta cosa no entra con ropa interior, tienes que estar completamente desnudo,
te recomiendo que te la pongas, y disculpa le daré sus trajes a esos que huelen
a petate.
El estudiante, no pudo decir
nada, ya que Mario hablo tan rápido que no le permitió procesar bien todo lo
que estaba pasando, todo parecía tan irreal y las palabras de aquel viejo lo
intranquilizaban, ¿Salir a matar?
La melodía orquestada del
himno a Puebla, se detuvo dando paso a una imagen en la parte frontal de la
enorme esfera, dibujo la foto de un hombre de ojos cálidos y largos cabellos,
con una expresión de póker y se presentó un mensaje alfanumérico.
T0D05 U573D35
3574N MU3R70S
4L M3N05 354 35 L4 730R14
V4N 4 54L1R 4 M474R 4 3573
C4BR0N
N0MBR3 := 4L13N 53DUC70R
L3
GU5T4 := MUJ3R35
N0
L3 GU5T4N := H0MBR3S
FR453 := ¿35745 S0L4?
Espere por favor…
00:59:57
La caja se abrió al instante
y en su interior había otro traje de goma, un impulso lo llevo a quitarse la
ropa, su instinto lo alerto que tenía que hacerlo rápido o algo malo podría
pasarle, la chica de cabellos ondulados se le quedo mirando y le sonrió
mientras lo veía sin nada de ropa, el no alcanzo a darse cuenta.
-Ya inicio- Dijo una voz,
todos empezaron a tomar sus armas, mientras el apenas pudo terminar de
colocarse el traje, el cual era increíblemente cómodo cuando termino de
ensamblarlo, y cuando se dio cuenta su mirada ya estaba en otro lado, el haz de
luz lo estaba desdibujando y podía contemplar un lugar montañoso y también árido.
-No puedes irte sin esto – No
supo quién le puso cosas en las manos, rápidamente se dio cuenta que estaba muy
cerca del Zafarí a las fueras de Puebla, la luna iluminaba su visión, solo para
encontrar un montón de cadáveres de animales.
El hedor fue tan grande que
Alberto tuvo que llevarse las manos a la boca, dejando caer lo que le habían
dado antes de que fuera transportado a ese lugar solo se escuchó un pequeño
choque metálico al tocar el suelo, los cuerpos de muchas bestias estaban
completamente destrozados y sus restos manchaban el piso arenoso, cabezas de
animales despezados, algunas osamentas aun cubiertas por su propia sangre, patas de animales que no
reconoció y hocicos desdentados con pellejos colgando de ellos adornaban ese
atroz escenario.
- ¿Pero qué mierda ocurrió
aquí? – Se preguntó a sí mismo, miro a todos lados y la escena era similar.,
intento dar un paso y golpeo ligeramente un objeto, se inclinó y pudo
contemplaras.
Ambos objetos parecían ser de
un metal plastificado, uno era una pistola de apariencia futurista y la otra
era un poco común, lucia solo como el mango de una espada sin la hoja, y con un
par de botones en la guarda., tomo ambos observo su traje y en sus costados
había un par de compartimientos y coloco las armas y encajaron a la perfección.
Empezó a caminar y el olor se
hacía cada vez más intenso, la poca luz le impedía ver tener una buena visión,
pero a lo lejos vi una edificación, estaba alegrado a la vez que aterrado, se
preguntó qué tipo de animal podría hacer tales atrocidades, tal vez leones, no
recordaba si había osos en el zafarí, pero al momento recordó a la bestia que
lo había atacado.
Se sintió completamente vulnerable,
no tenía ni idea de lo que estaba pasando, todo parecía indicar que estaba en
un lugar extremadamente hostil, y no pudo sentir más que miedo., ¿Qué ataco a
esas bestias? Los cuerpos de los animales eran bastante grandes, y por un
instante parecía haber visto el cuerpo de un oso pardo, sintió un vuelco en el
corazón, tomo velozmente la pistola y se aferró a ella., y corrió con todas sus
fuerzas hacia el edificio.
En otro lado, se encontraba
la chica que llego desnuda a la habitación, estaba en posición fetal, llorando
aun desconsolada, vestía también el traje negro, solo tenía flashes de lo que
le había sucedido momentos antes de llegar a esa habitación.
La imagen de varios hombres
haciéndole daño, mientras la tiraban en una zanja, la imposibilitaban para si
quiera moverse, pero una voz dulce y varonil le hablaba.
- ¿Estás sola? – Le pregunto,
pero ella temblando no respondió y solo abrazo más fuerte sus piernas.
-Creo que te has perdido,
tendré que ayudarte, pero vamos déjame ver tu rostro.
Aquella chica, no quería
seguir escuchando, se aferró aún más fuerte a sus piernas como si estas le
dieran mucha seguridad., pero aquel hombre no ceso en querer llamar su
atención.
- ¿Estás sola? – Pregunto de
manera insistente una y otra vez., pero la chica ahora empezó a llorar., hasta
que llego a un punto de quiebre.
- ¡DEJAME EN PAZ! - Grito de
manera desesperada, separando un poco su cabeza de sus piernas y con los ojos
cerrados, los abrió por un segundo y pudo verlo.
Era un hombre con unas
hermosas facciones en el rostro, de cabello ondulado y nariz afilada, con unos
ojos muy profundos y bastante alto, estaba completamente desnudo y parecía
desprender un aura brillante, como si fuera una figura celestial., al verlo la
chica quedo completamente pasmada y encantada por aquel muchacho., este empezó
a sonreírle dulcemente y se acercó a ella arrodillándose.
Ella se puso completamente
nerviosa, jamás había visto a alguien así, sus ojos eran hipnotizantes, y
olvido por ese momento las aflicciones que ella tenía, suavemente dejo la
postura en la que estaba para mirarlo fijamente a los ojos.
-No debes de preocuparte, ya
no volverás a estar sola – Se acercó a ella y la beso de manera brusca en la
boca, ella abrió grandes los ojos, pero su cuerpo no le respondía, lentamente
cerro los ojos dejándose atrapar por ese instante que sintió extrañamente
placentero y muy enervante., pero algo no andaba muy bien, al momento, sintió
que este chico la estaba tocando, pero de forma muy extraña, eran como pequeños
pellizcos en todo el cuerpo, abrió los ojos de golpe, aquel hombre se deformo
de tal manera que ahora podía ver cómo le estaba mordiendo la boca, con unos
colmillos enormes y no solo eso, en todo su cuerpo había bocas de diversos
tamaños, intentando morderla, no sentía dolor por esto, pero estaba atrapada.
- ¿Pero ¿qué? ¿Por qué no
puedo? – Se preguntó completamente enfadado con una voz grotesca.
- ¿Por qué no sangras? Maldita
sea ¿por qué? - Abrió muy grande la boca para el horror de la chica, pudo ver
unas enormes fauces y miles de dientes dentro de esa boca, la cosa empezó a
intentar tragársela, ella solo pudo mover las piernas, su estrés subió a su
máximo nivel.
Apretó fuertemente sus puños
y una enorme fuerza la invadió, sus músculos se engrosaron, sus brazos
aumentaron de tamaño denotando sus nervios de los brazos separando las fauces
que la aprisionaba.
- ¿Pero qué haces maldita puta?
Ambos estaban presionando con
fuerza, el cuerpo del hombre ya no existía, solo parecía un gran cumulo de masa
carnosa, de la cual se desprendían muchas bocas, pero con la más grande
intentando devorar a la chica.
Ella empezó a gritar, lo cual
llamo la atención de Alberto que se encontraba muy cerca, aquel grito le erizo
el cuerpo, su ansiedad aumento a un grado máximo al escuchar ese estruendoso y
desesperado grito, se detuvo por un momento, quería irse de ahí, pero no había
donde correr, inhalo profundamente, acallo su corazón contuvo la respiración y
corrió hacia donde había escuchado ese grito, mientras lo observo a una manada
de animales que se alejaba rápidamente de algo enorme que parecía moverse hacia
ellos., corrió con todas sus fuerzas y su velocidad aumento se acercaba más y más
con cada grito desesperado que escuchaba.
- ¡Alguien que me ayude! ¡POR
FAVOR! – La chica comenzó a llorar al sentir como lentamente estaba perdiendo
fuerzas y en ese instante Alberto llego para ver la horrorosa escena, muchos
cadáveres estaban regados igualmente por la zona edificada, y en medio una masa
de carne con boca, intentaba comerse a la chica que había visto desnuda hace
unos cuantos minutos.
No dijo nada, saco el arma,
apunto jalo uno de los gatillos de la pistola, pero no pasó nada, lo hizo una y
otra vez, pero nada paso.
- ¡Ayúdame! ¡Por favor! ¡Ayúdame!
¡NO QUIERO MORIR! - Alberto se sintió completamente frustrado, aquella chica
iba a ser devorada por esa cosa, se vio a si mismo pidiéndole ayuda a Marín,
sintió un enorme vacío en su estómago y una ira incontrolable lo invadió.
- ¡No voy a dejar que te la
comas! – Corrió hacia ellos, lo hizo con todas las fuerzas que tenía, dándole
una tacleada a la masa de carne, el impacto fue brutal, los ojos del muchacho
denotaban desesperación y mucho coraje, el golpe se escuchó seco, y algo
sorprendente sucedió, la cosa salió volando por los aires liberando a la chica,
la cual termino en el suelo.
El estudiante se puso frente
a la chica, mientras ella poco a poco se incorporó, un fluido azul empezó a
salir de los capacitores metálicos, parecía como si sangrara de todo el cuerpo,
pero ella no se quejaba de ningún dolor.
La cosa, también se incorporó,
empezó a implotarse hasta tomar nuevamente la forma del hombre desnudo.
-Vaya, vaya., así que tienes
amigos, muy bien, mas carne para mí-
Empezó a correr a una gran
velocidad y golpeo en el estómago a Alberto, este se inmuto un poco, pero aun
sentía esa ira descomunal, la bestia que lo había matado, era parecida a lo que
estaba enfrentando, pero a diferencia de esa ocasión, él estaba más listo.
- Pero… ¿qué? Son… ¿Esos
trajes negros? – Gruño el hombre desnudo, pero no le dio tiempo de reaccionar,
Alberto le propino un poderoso puñetazo en la cara, destrozándole la nariz y
arrancándole varios dientes, este ser empezó a chillar de dolor., se tomó lo
que le quedaba de cara y empezó a correr para huir.
- ¿A dónde crees que vas? –
El joven lo empezó a seguir, pero este se lanzó a un montículo de carne, y
empezó a devorar a todo lo que podía, aumentando rápidamente de masa corporal,
hasta hacerse del doble de tamaño del que antes había tenido, una masa de tres
metros de alto y cinco de largo., con un apéndice tomo el cuerpo de un animal y
se lo arrojo a Alberto, este rápidamente se hizo a un lado para evitar el
impacto.
-Vas a morir maldito,
lastimaste mi cuerpo, ahora me será imposible engañar a mas humanos., lo
pagaras muy caro – La vos bestial se hizo presente con esas palabras, parecía
como si se ahogara al pronunciar las palabras.
- ¡USALA LA ESPADA MALDITA
SEA! ¡PRESIONA EL BOTON DE LA DERECHA! -
Se escuchó un grito de alguna
parte, Alberto se dio cuenta que aún tenía el mango de esa famosa espada, lo
tomo y presiono el botón, velozmente salió una hoja que la hacía parece una
catana, el jamás en su vida había tenido un arma similar., pero algo estaba
claro, la usaría para defenderse, presiono una vez más y el tamaño de su hoja
se duplico, la tomo con ambas manos e hizo un ataque circular cortando por a la
masa de carne por la mitad, la sangre empezó a manchar todo a su al redor,
estaba tan afilada que en ningún momento tuvo resistencia para cortar esa cosa
como si su composición fuera de margarina.
-Esto… no debía pasa… no
debía…- Mientras la sangre escapaba de su cuerpo, la masa se secó poco a poco,
hasta quedar completamente marchita, las manos del muchacho temblaban, y se
sentía muy tembloroso, la muchachita se acercó tímidamente.
-E… Estas… ¿Bien? - Pudo
observar como Alberto estaba completamente perturbado, y temblaba, lentamente
empezó a calmarse, su cuerpo estaba empapado de la sangre de esa cosa.
-Si… No te preocupes… ya…
estas a salvo – Mascullo débilmente, mientras trataba de recomponerse.
-Sorprendente, no creí que
pudieran acabar con una de esas cosas… es sorprendente ¿No crees Sofía? – Se acercó
Mario hacia ellos, el peculiar chico de lentes que había visto en la
habitación, lo acompañaba esa chica de cabello corto.
Mario se le quedo mirando a
la muchachita, le sonrió, pero esta se escondió detrás de Alberto.
-Bueno, va siendo hora de que
nos reunamos con los demás, el jefe saldrá en cualquier momento – Hablo Sofía,
y cuando observo detenidamente a la otra chica, se horrorizo.
-Oh no, Paola tu traje está
roto… maldita sea., estas cosas no son tan fuertes-
- ¿A qué te refieres con que
no son tan fuertes? Esa cosa casi se come a esta chica- dijo Alberto alarmado,
por las palabras de Sofía, ya que parecía que no le estaba dando mucho valor a
eso que los ataco.
-Ah, sí cállate, no sabes
nada niñito, esas cosas no son fuertes, pero son peligrosas, mientras tu
matabas a una, el cuatro ojos y yo matamos cinco, la verdad no fue la gran
cosa, así que cierra la boca, por otro lado la niña esta sin la protección del
traje, seguramente morirá si la dejamos sola, lo malo de la esfera es que no
siempre nos transporta juntos, como a esos tipos drogados, terminaron muertos
justo en el instante que fueron transferidos, lastima, pero eran una carga, no
quisieron ponerse el traje, es una suerte que tu si, también creí que morirías
a los pocos segundos.
Alberto torció sus labios y
se cruzó de brazos, esa chica parecía demasiado petulante y despreciable,
además de que obviamente tenía más experiencia., él no sabía nada, así que solo
se limitó a escuchar.
-Bueno Mario, vas a tener que
hacer de guarda espaldas junto con… ¿Tu nombre es Alberto verdad? Bueno junto
con este chico para proteger a Paola.
El cuatro ojos afirmo con la
cabeza, y se acercó a Paola.
-Déjame revisar tu traje,
¿Si? Solo es para ver si no tienes algo roto – Saco un dispositivo con una
pantalla y empezó a revisarla de pies a cabeza, comprobó que no tenía nada
malo, salvo que el traje estaba arruinado.
-Pareces saber mucho de esto…
Sofía., Podrías explicarme ¿Qué demonios está pasando aquí?
-No hay mucho que decir,
salvo que esas cosas son extraterrestres, tenemos que matarlos porque si no la
esfera nos explota la cabeza con una bomba que sutilmente nos insertó en el
cerebro, no se las razones, pero tengo ganas de vivir, así que hazme caso en lo
que digo y todo estará bien, si quieres irte por tu cuenta, por mi está bien,
aunque tus probabilidades de sobrevivir se reducen casi a cero., vamos.
Alberto no puso objeción a
aquellas palabras, tomo la pistola del suelo y empezaron a caminar, siguiendo
un dispositivo que parecía una especie de sonar.
El estudiante se acercó con
Mario y rápidamente intento ser más amistoso con él, parecían de la misma edad.
-Mario… - dudo – Hace un
momento dispare con esa pistola, pero no sucedió nada, ¿Se les olvido poner las
municiones? Aunque no veo por donde podrían entrar – El muchacho de lentes
sonrió.
-No es que le falten
municiones, mira esta cosa funciona así, el gatillo de arriba es para fijar el
objetivo, pero el segundo detona la carga, haz de cuenta que hace que los
cuerpos exploten de adentro hacia afuera, no sé cómo lo hace, pero así
funciona, mantengo la teoría de que arroja una especie de bombas microscópicas,
que se incrustan en el cuerpo y después el otro gatillo hace que exploten en
masa, es una tecnología avanzadísima, nada en la Tierra tiene tal poder –
Mario se emocionó muchísimo
al hablar de esas cosas, un brillo inusual se podía ver en sus ojos.
- ¿Pero qué demonios?
–Exclamo Sofía – ¡Todos! prepa…- No termino de decir esa frase cuando la tierra
debajo de ellos exploto mandándolos a volar.
Se escuchó un rugido que estremeció
todo a su alrededor, unas aves que estaban cerca volaron despavoridas lejos de
ese lugar.
-Malditos humanos, han matado
a muchos de mis hijos deben morir- El estruendo levanto una cortina de arena,
que poco a poco se disipo mostrando a la bestialidad encarnada, un enorme
gusano carnoso y con muchas bocas en su cuerpo se presentó ante ellos.
-Oh no, protejan a la niña-
Sofía quien llevaba un arma más grande que parecida a un rifle empezó a
dispararle, mientras que Alberto y compañía se incorporaban, pero en esta
ocasión Paola si había resultado herida, la explosión la afecto tanto que se
había desmallado, tenía severos golpes por todo el cuerpo y algunos estaban
sangrando.
-No, no... ¡mierda! – Exclamo
Mario, mientras iba a atenderla, con el mismo traje, empezó a presionar algunas
partes para evitar que le diera una hemorragia – Ayuda a Sofía, yo atenderé a
la chica.
Pero no termino de decir sus últimas
palabras cuando una masa de carne le arranco la pierna izquierda, el chico
aulló de dolor, su traje empezó a sangrar azul como el de Paola., sus lamentos
eran desgarradores.
-Mi pierna, maldición mi
pierna…- Alberto al instante tomo su catana y rebano a esa boca – Tienen que
acabar con esa cosa Al… por favor, si la matan regresaremos, todos regresaremos
y seremos como antes.
- ¿Qué? Te refieres a que…
¿podremos irnos?
-Sí, mátala… por favor mátala
– Alargo sus últimas palabras por el dolor brutal que sentía al desangrarse.
Alberto sintió que el mundo se le venía encima, pero tenía que intentarlo, su ansiedad estaba a punto de apoderarse de él, pero no quería morir.
Alberto se sintió muy abatido
por todo lo que estaba sucediendo, pero debía apoyar a Sofía, tomo los cuerpos
de Mario y Paola para alejarlos un poco del peligro, la fuerza inimaginable volvía
hacia él, permitiéndole llevar esa carga, mientras los escondía entre los
árboles, a lo lejos vio una batalla similar, no tenía tiempo que perder, debía
ayudar a su compañera.
Mario se retorcía del dolor,
Paola estaba muy lastimada y el seguía en pie, como siempre, resistiendo hasta
el final, pero en esta ocasión, nuevamente le había pedido ayuda, y a pesar de
todo su miedo y ansiedad se los trago y regreso al campo de batalla.
Sofía estaba defendiéndose
con uñas y dientes, disparando y esquivando los apéndices que el gusano le
lanzaba, además de las embestiditas de las bocas que se desprendía de su cuerpo.
Una la sorprendió por detrás,
cerró los ojos para aminorar el impacto, pero nada paso.
-Vamos, tenemos que acabar
con esa cosa ¿Qué tengo que hacer?
-El nuevo volvió, ¡Oh mi
salvador! Dispara, y corta a todo lo que se mueva, ¡YA!
Ambos afirmaron con la cabeza
y la guerra inicio, Alberto tomo su arma pequeña y empezó a disparar a diestra
y siniestra a los cúmulos de carne, tomando la instrucción de Mario presiono
ambos gatillo y segundos después de que lo hacía, partes de esa cosa
explotaban, funcionaba todo lo que le dijo era verdad, poco a poco empezaron a
a mermar las fuerzas del gusano, Sofía disparaba con el rifle a parte alta
mientras que Alberto destruía las masas de carne con bocas que les arrojaba.
Sofía marco varios sitos
vulnerables con el primer gatillo y al instante todos explotaron colapsando a
la bestia, esta empezó desmoronarse poco a poco, se escuchó un doloroso crujir
de huesos y cartílagos, mientras le salían chorros de sangre por todos lados., chillo
por última vez y esta cosa se derrumbó.
El enorme gusano termino en
el suelo y tal como su hijo empezó a marchitarse poco a poco, ambos se
sintieron aliviados, estaban empapados de la sangre de esa cosa.
-Debo reconocerlo, no eres
tan inútil como lo había pensado, la transferencia iniciara en unos momentos –
Dijo Sofía con una voz algo arrogante pero benévola.
-Supongo que eso es una
especie de alago, gracias supongo – Ambos empezaron a reír, pero algo no estaba
bien.
-Esto, no está bien… la
transferencia aun no inicia, pero si ya matamos esa cosa, maldita sea número
ocho, ¿Qué más quieres? –
-Sofía cuidado detrás de ti –
Grito Alberto, pero demasiado tarde.
-Pero que demo… - Una mujer
desnuda con un brillo celestial introdujo por su espalda su brazo atravesándole
el estómago, para después arrojara al piso.
- ¿Continuamos?
Rápidamente la mujer empezó a
correr iluminando todo a su alrededor
- ¡SOFIA! – Grito Alberto
intentando dispararle, pero se movía tan rápido que no alcanzaba a atinarle.
Era tan veloz que en un
instante quedaron frente a frente, y ella le sonrió, él se perdió unos segundos
en sus hermosos ojos azules, esa aura reflejaba paz, su cerebro empezaba a
nublarse, lo tomo de las mejillas y lo atrajo hacia ella, Alberto no podía
moverse, se resistía lentamente ella empezó a abrir la boca, haciéndose cada
vez más y más grande.
Se escuchó un disparo y si
brazo empezó a hincharse hasta que exploto., el influjo se rompió y Alberto se liberó
de ese mortal abrazo.
-Maldita perra – Dijo Sofía y
después se desvaneció, tirando su arma a un lado.
-Solo tengo que comer más
para recuperar ese brazo, y así que…
Intento enterrarle el brazo
en el estómago como a Sofía, así que golpeo con la mano extendida a Alberto,
pero solo logro lanzarlo más lejos de ella.
-Ya veo, tus defensas son
mayores a las de la chica, bien, no vas a aguantar otro golpe., empezó a correr.
El estudiante se levantó al
instante, apunto hacia ella nuevamente y disparo frenéticamente sin obtener una
buena vista, la mujer esquivo todos sus ataques, hasta que volvió a tenerlo lo
suficientemente cerca, volvió a verlo a los ojos pero en esta ocasión el los
cerro para así dar un ataque al aire el cual ella esquivo sin dificultar respondió
con otro golpe igual de fuerte el cual lo mando por los aires, no tuvo ningún
control al caer, el golpazo en la arena fue bastante fuerte, el sistema de
amortiguadores del traje produjo una exhalación de vapor en sus piernas,
observo hacia la cosa levantándose rápidamente para al final ambos corrieran
uno contra el otro, y al impactar ella clavo su brazo en el estómago de
Alberto, el dolor era impresionante, dejo una mancha en el suelo, sintió como
todo en su interior empezaba a colapsar.
-Los humanos son muy
frágiles, por eso es tan fácil depredarlos, no importa con que armas nos
ataquen, siempre sucumbirán a…-
-Hablas demasiado – Alberto
la tomo del cuello activando la poca fuerza que le quedaba, tomo el mango de la
catana y al instante desplego la hoja enterrándosela también en el estómago,
intento liberarse con el brazo que le quedaba, pero fue imposible, él la partió
en dos con todas sus fuerzas, liberando a su estómago cayendo al piso para
mirar la negrura el cielo celeste una vez más., había llegado a su límite.,
-La transferencia, ¡Estamos
salvados! – Grito alguien a lo lejos., parpadeo por un momento y al abrir los
ojos nuevamente estaba en aquella sala de ese departamento, sin ninguna herida
y con su traje completo, casi todos estaban frente a la esfera, el más viejo
pidió atención.
-Número ocho va a dar nuestros
puntajes, pongan atención.
Felicitaciones
a los que no murieron
Es
hora de repartir los puntos
Cantinero
(Adolfo)
Pts.
10
Total:
45
55
más y acabaras
“El andar de putas es tuyo ¿verdad?”
Se dibujó una caricatura de Adolfo en la pantalla, con la descripción de los puntos que había obtenido y así de cuantos le faltaban para acabar, Alberto no estaba entendiendo nada, pero cambio a otra imagen.
La
niñera (Sofia)
Pts.
4
Total:
30
70 más
y acabaras
“Qué
manera de mover el culo, te crees mucho o ¿Qué?”
-Estúpida bola, yo soy mucho. – Movió los ojos hacia atrás de manera exagerada y después se recargo en la pared, la imagen de la bola cambio de nuevo.
El
bodrio de líder (Orlando)
Pts.
0
Total:
85
15
más y acabaras.
“¿No
entiendes que el cantinero manda?”
Fastidiado, Orlando solo
movió la cabeza en forma negativa.
Otaku
(Mario)
Pts.
0
Total:
18
82 más
y acabaras
“Deja
de acosar a la niña, dispárale a más aliens”
-Yo no hice nada, solo la estaba cuidando, estaba mal herida… - El otaku
no sabía cómo defenderse.
-Mejor cállate Mario, ¿sí? – Le recrimino Sofía y la pantalla cambio.
La
sádica (Mónica)
Pts.
3
Total:
23
72
más y acabaras
“Me
das Miedo”
La chica llamada Mónica puso un gesto algo perturbador, entre risa e
ira, posteriormente volteo a ver a Alberto y este se encogió de hombros, ya
solo quedaba un par de puntuaciones
Niña
(Paola)
Pts.
0
Total:
0
Te
faltan 100
“¡¡¡Pero qué Asco!!! Besaste a un Gusano ¿no sabes
que te debes besar
con esas cosas?”
-No te tomes a
pecho lo que dice la esfera Paola… solo le gusta molestar.
-Está bien…- Dijo
tímidamente la niña.
La esfera paso
rápidamente a la última persona que tendría que ver su puntaje.
Betochu LOL (Alberto)
Pts. 5
Total: 5
95 más y acabaras.
“Casi te mueres”
Alberto miro sus estadísticas, sin comprender mucho
de lo que se trataba, se sorprendió al ver que había obtenido más putos que
algunos, pero no sabía ni que significaba y menos para que servían., antes de
que pudiera decir nada, todos se retiraron de la sala, las chicas ocuparon uno
de los cuartos y los demás empezaron a quitarse la ropa y cambiarse en el
pasillo.
-Oigan ¿Qué paso? ¿Por qué no estoy muerto? -
Adolfo se le quedo mirando y le dijo a Orlando.
-Explícale, yo tengo un encargo que hacer… - No
dijo nada y en cuanto tuvo los pantalones puestos, metió el traje en una
mochila y se fue, cambiándose mientras caminaba.
-Hola muchacho, sé que todo esto puede ser muy
confuso para alguien como tú, tenías una buena vida, tuviste un accidente o
alguien te mato, la verdad es que no importa, solo quiero decir que, esa esfera
nos revivió para matar aliens, y cada vez que terminamos una misión, no importa
que tan mal estemos, la esfera nos transporta y sana nuestros cuerpos completo
y al final nos deja salir del departamento, y nos avisa por medio de unos
pitidos en nuestro cerebro, cuando será la próxima misión, pueden ser días,
semanas y algunas veces meses, lo importante es que estés alerta, sé que todo
puede sonar súper loco, pero hay aliens en todas partes, algunos suelen ser
buenos pero la gran mayoría no, sino les molestamos ellos tampoco a nosotros,
pero cuando entramos a esto, la mayoría son hostiles, así que puedes darme tu
número de teléfono para que estemos en contacto, a veces nos reunimos para
practicar y evitar el número de bajas.
-Es demasiado para procesa, ¿esta cosa tiene el
poder de revivir personas? ¿Aliens en todos lados? Dios mío…, aun ni siquiera
creo lo que paso esta noche, estuve a punto de morir, pero siempre no… Maldita
sea, ¿Por qué a mí? – Se preguntó Alberto.
-No lo pienses tanto hijo, a veces solo hay que
aceptar nuestras vidas, te vimos mientras enfrentabas a esa cosa, te fue bien,
solo trata de sobrellevar esta situación, y juntos saldremos adelante.
Orlando era un señor de mediana edad, lucia como
aquel amigo sabio, tal vez un tío o un padre en el que puedes confiar, tenía
algo de barriga y estaba calvo de la coronilla, le explico con detalle todas
sus preguntas, en su limitado conocimiento., Mario también se unió a la
conversación, y cuando terminaron Alberto se quedó un rato solo en el
departamento.
Cuando se sintió mucho más
tranquilo, se dispuso a ir a su casa, la sobre carga de información lo
atormento, al salir, Mario lo estaba esperando.
-Hey colega, no hay porque
abrumarse tanto, estuviste fantástico, yo creo que si entrenas llegaras a ser
un gran cazador, yo trato de hacerlo, pero no con mucho entusiasmo para no
opacar a nadie.
-Lo tomas de una manera muy
amena… no creo que sea como para alegrarse, hace unas horas, casi morimos, esa
cosa te quito una pierna como si fuera mantequilla y le atravesó el estómago a Sofía
y a mí, aun no entiendo cómo es que estamos vivos.
-Shhh, baja la voz – sugirió
Mario, mientras se dirigían a la parada de autobuses – Mira, sé que es algo
jodido, pero creo que tomarlo así es mejor que deprimirme, he estado en un par
de misiones, sé que doy asco, pero trato de seguir adelante cuando juntas cien
puntos algo fantástico pasa, no me han dicho demasiado, pero igual es una
manera de salir de ahí, ¿Qué se yo? Y me estoy esforzando por eso, al final
Adolfo es quien da los tiros de gracia, pero en algunas ocasiones, logro acabar
con ellos antes de que me maten, Al… te ayudare y al mismo tiempo tu a mí.
Era cierto, si Mario no le
hubiera explicado cómo funcionaba la pistola, tal vez no habrían derrotado al
gusano en su primera fase.
-Hablando de eso, ¿Fuiste tú
quien me sugirió que utilizara la espada?
- ¿Cuándo?
-Hace unas horas… ¿No fuiste
tú?
-Lo siento Al., no recuerdo
haberte dicho nada, quien te dio la espada fue Adolfo, tal vez él estaba cerca,
es quien mejor la puede blandir.
-Quizá así fue, gracias
Mario, intentare apoyarte, lo prometo.
-Gracias amigo, aunque sea
duro, saldremos de esta.
Se fueron en el camión., cada
uno por su lado llego a su casa., Alberto llego a su pensión, se metió y no
había ni un alma, solo pudo arrojarse en la cama y perderse por el cansancio
para enfrentar un nuevo día.
Fin del tomo 1