viernes, 28 de agosto de 2020

Gantz Otro Cielo [+18] Tomo 1






La esfera, había dado la última misión, una batalla se disputó en el cielo teñido de rojo carmesí, los poderosos rayos de sol, se veía reducidos a un resplandor marrón vivo, mientras un chico corría desesperado por su vida, vistiendo un traje negro del cual salían de los capacitores metálicos un líquido azuloso, y fue entonces cuando fue interceptado por un grupo de gigantescas sombras de cuatro ojos de aspecto humanoide, no sabía lo que murmuraban, pero claro estaba que mofaban de los pobres intentos de defenderse, pero él no aceptaría ese destino, no ahora que había llegado tan lejos., cerró los ojos un momento.

El despertador sonó a las cinco de la mañana, Alberto se disponía a prepararse para ir a la UP (Universidad de Puebla), se levantó desganado y obligo a su cuerpo a ir la ducha en su pequeño departamento de estudiante, se miró en el espejo del baño y le desagrado su aspecto, había dormido muy poco, las pesadillas invadían su mente y perturbaban su descanso.

- ¿Por qué hago esto? – Se preguntó a sí mismo, puesto que llevaba años repitiendo la misma rutina, ir a la escuela, estudiar, comer y dormir, repitiendo esto de manera perpetua hasta que terminara su carrera, y no solo era falta de motivación, sino una enorme tristeza interna.

Después de asearse y ponerse el uniforme, miro una foto que estaba a un lado de su cama.

- Solo sigo por ti… - Tomo sus cosas y después salió del departamento, aún era de madrugada., el sol saldría pronto, pero la oscuridad predominaba en varias partes de la calle, algunas personas apresuradas para empezar su día no le dirigían ni la mirada, y uno que otro le dedicaba una mirada indiferente.

Se aproximó a la parada de camiones para abordar el próximo, tomando su lugar en la fila, algunos vendedores ambulantes se acercaron para ofrecer una bebida caliente, tal vez café o una bebida de avena., pero simplemente los ignoro.

- ¿Te has enterado? – Unas personas frente a él empezaron a hablar.

- ¿De qué? – Respondió un poco indiferente la otra persona., eran dos señores de mediana edad, probablemente trabajadores de una construcción.

- Pues eso, anoche Paolo dijo que habían encontrado otro cadáver cerca de la construcción, dicen que parecía como si una bestia salvaje lo hubiera atacado, un oso dicen.

- ¿Un oso? Como serás pendejo crédulo, ¿Cuándo se han visto osos en la ciudad? Es más probable que fuera atacado, ya sabes por los entes, te lo digo, hay cosas que nos está ocultando el gobierno, muy probablemente sean marcianos.

Su compañero lo vio aún más escéptico.

- ¿Dice que el pendejo soy yo? Y me estás hablando de extraterrestres, ¿entes?, luego van a querer enviar un cura a la construcción para que no nos chupe el diablo, si serás… estúpido.

-Bueno, como sea, está muriendo personal, yo creo que, si aparece otro muertito, dejare de trabajar ahí, y ya encontrare otro “jale”.

-Genial, menos gente estúpida crédula y más dinero para los que nos quedamos.

Después de escuchar lo último Alberto se colocó sus audífonos y se puso a escuchar una melodía acústica de piano, subió todo el volumen para dejar de escucharlos, la sola idea de espíritus o aliens, se le hacía muy descabellada.

Una vez que llego a la universidad, observo a una de las chicas populares, su nombre era Marín, alta, de cabello castaño largo ondulado, ojos grandes y marrones intensos, piel blanca y facciones muy finas acompañadas de un maquillaje tenue, se contoneaba por todos lados, y era rápidamente abordada por hombres y mujeres por igual. A Alberto le gustaba observarla de lejos, y constantemente fantaseaba con la idea de estar por una vez en la vida, más cerca de ella.

Mostraba un perpetuo rostro indiferente ante todos, para que lo dejaran tranquilo, no era un enclenque, pero tampoco partidario de las peleas, a diferencia de muchos otros chicos que eran acosados constantemente.

La campana de la entrada sonó y las clases comenzaron, el día transcurrió de manera monótona, estudiar, tarea y continuar con la próxima asignatura, intercalando entre los diferentes talleres, ya fuera de computación o de electrónica, que era lo que él estudiaba.

Una vez concluidas las clases, se dirigió hacia su casa, quería caminar y tomo el camino largo que pasaba por el centro, todo era bullicio a esa hora, cartelones de propaganda, el estruendo de los coches, y el cielo gris que solo Alberto podía contemplar.

-El final está cerca hermanos, debemos unirnos, unirnos para que esta catástrofe no suceda.

Un viejo indigente conducía la oratoria vespertina del fin del mundo, señalando que todos eran pecadores, pero que podían salvarse, si se unían contra ese mal., Alberto movido por la curiosidad se acercó, muchos lo escuchaban atentos, otros solo se mofaban de la pestilencia de aquel hombre.

-Todos vamos a morir, pero aún hay esperanzas hermanos, unámonos en oración y pidámosle a Dios por todos nosotros, por un rayo de esperanza.

-Ya escucharon al viejo loco – dijo alguien entre el público – Pónganse a rezar, dejen de trabajar y todo va a estar bien, nos lloverá del cielo pan, vino y no se olviden de los pescados.

Rápidamente la multitud empezó a ofenderlo e incluso a lanzarle cosas, el indigente se cubría con sus manos para aminorar el daño., rápidamente varios policías se acercaron y pararon el disturbio., aunque rápidamente se empezó a hacer una trifulca, entre todos los que estuvieran ahí, las madres jalaron violentamente a sus hijos para apartarlos del peligro y otros como Alberto corrieron para escapar, pero del tumulto se escuchó un grito estruendoso de una mujer, a la que le habían arrancado su bolso de las manos, el estudiante paro en seco, puesto que truhan se dirigía hacia él.

El tipo se veía corpulento y mucho más alto que el, al instante le clavo la mirada y Alberto tuvo miedo.

- ¡Agárralo muchacho! ¡no lo dejes ir! – Gritaron muchas personas, pero él ni siquiera pudo mover un musco, dejando que aquel ladrón escapara de la escena.

Al momento, todos empezaron a abuchearlo, y la señora se acercó rápidamente hacia él, su pronunciado cuerpo, hacía que el movimiento fuera aparatoso., pero llego hasta Alberto.

- ¿En que estabas pensando imbécil? ¿Por qué no lo detuviste? Ahí llevaba todo el dinero de mi quincena, ¿ahora qué voy a hacer? ¿A caso me lo vas a pagar? – La furia de la señora se desbordaba por su piel enrojecida además de sus ojos inyectados en sangre, descargo verbalmente su ira, hasta que empezó a faltarle el aire., y de eso también culparon al muchacho.

- ¡Mira lo que hiciste idiota!

- ¡Es tu culpa!

- ¡Pendejo, ya viste lo que haces!

Alberto huyo de aquel lugar, corrió hasta que sus piernas no pudieron más, se sentía muy mal, atacado por todos, sin haber hecho nada ¿Y si ellos hubieran estado en su lugar? ¿Y si por detenerlo aquel ladrón le hacía daño? ¿Por qué todos se sentía con derecho a juzgarlo? Su cabeza era una maraña de pensamientos y preguntas.

Estaba ya muy cerca de su departamento, y se dirigió hacia él, y una vez que entro, cerró la puerta y se desplomo sobre su cama, cerró los ojos y se quedó dormido.

 

Pasaron algunas horas hasta que volvió en sí, era de noche, aproximadamente las ocho., tenía bastante hambre, se levantó y tomo un poco de dinero que guardaba entre su ropa, y salió a comprar víveres, bajo las escaleras y escucho una voz familia, era la de Marín, la zona donde él vivía era conocida por tener muchas pensiones y renta de departamentos, así que no era raro encontrarse con alguien de la universidad.

Se la encontró de frente, y rápidamente articulo una sonrisa y le dijo un suave “buenas noches” el cual ella devolvió con cortesía, posteriormente salió y a tras de él ella se iba de la mano con un tipo fortachón, al cual el no logro distinguir., pero se dio cuenta que iba hacia una zona muy peligrosa, él se tenía así mismo ir a ese sitio.

Una alerta se encendió en él, y con una distancia prudente empezó a seguirlos, caminaron un tramo considerable y se metieron a un callejón., se acercó y escucho.

- ¿Es seguro comprarle a este tipo? – Dijo ella muy asustada.

-No te preocupes muñeca, soy cliente de este tipo desde hace mucho, vende de la buena, además el me conoce y sabe que pago bien, nadie nos hará nada.

Alberto se sintió un poco aliviado, solo comprarían “ese producto” y se irían, se dispuso a regresar lentamente, hasta que escucho un grito desgarrador.

- ¡Ernesto! ¡NO! - rápidamente el estudiante regreso y pudo contemplar una asquerosa escena.

Atónito abrió los ojos y entre las sombras vio como una bestia de gran magnitud se mordida el cuello del muchacho con unas gigantescas fauces, colmillos titánicos desgarrando con facilidad el cuello del muchacho, Marín salió corriendo de la escena, la bestia fue tras ella, se abalanzo saltando, la chica paso justamente a un lado de Alberto, sus miradas se cruzaron por un segundo para que el después volteara a ver e interceptar a la bestia, esta lo tendió en el suelo, instintivamente antepuso su brazo derecho y la bestia lo mordió con mucha fuerza.

Alberto desesperado grito a Marín.

- ¡No me dejes! ¡AYUDAME! ¡POR FAVOR!

Mientras ella corría, volteo un instante hacia atrás, gesticulo algo mientras corría y de alejo.

La bestia apretó con fuerza, sus afilados dientes desgarraron la suave piel de Alberto, hasta que encontraron el hueso, sintió de forma vivida, como sus fauces hacia pedazos su radio y humero.

El miedo lo invadió por completo, sus ojos se pusieron cristalinos, y en un instante la bestia le arranco todo el brazo, era el peor dolor que jamás había experimentado, la sangre manchaba el piso, estaba a punto de desmayarse, sus ojos se nublaron, intento hacer presión para que la sangre dejara de salir, pero le fue imposible, todo parecía en cámara lenta, y esa cosa iba a asestar el golpe de gracia.

Alberto se sintió al límite, estaba enojado, triste, impactado y decepcionado, iba a morir, gran parte de su vida, había sido un cobarde, y ahora simplemente moriría, aunque fuera por un pequeño instante se aferró a la vida, pidió ayuda, pero nadie vino.

La bestia acerco sus fauces a su oreja izquierda.

-Tienes buen sabor, el miedo hace que desee comerte aún más.

Desesperado, Alberto empezó a moverse abrió la boca lo más grande que pudo y mordió el cuello de esa bestia, con todas las fuerzas que le quedaban., se aferró a la carne que estaba mordiendo, la bestia lo aparto de un empujón, pero no impidió que le desgarrara el cuello y la sangre empezó a abandonar su cuerpo, camino unos instantes y después cayó al suelo junto a él.

-Bien jugado… humano… bien… - Y bestia se desplomo.

Alberto, bañado en sangre miro al cielo y contemplo la luna, mientras todo se volvía negro.

 

 

En la profunda obscuridad se revelo una luz, ¿A caso era el sendero al cielo? Alberto empezó a abrir los ojos, estaba en piso de un cuarto sin amueblar, con las paredes algo derruidas y pintadas de un espantoso color azul cielo.

Parpadeo un par de veces para enfocar correctamente la vista, se tallo ambos ojos y dio un pequeño sobresalto.

- ¿Mi brazo? ¿Pero cómo?

Rápidamente busco rastros de sus heridas, pero no encontró nada, inclusive su uniforme de estudiante estaba impoluto., rápidamente se levantó y se quitó el saco y después la camisa, pero su cuerpo estaba en perfecto estado, todo esto le causo mucha ansiedad, su respiración se aceleró y el corazón revoloteaba como loco.

Miro hacia todos lados, y al instante se percató que había una gigantesca esfera donde se supone que debería estar la sala de aquel departamento, de ella salía una melodía conocida.

- ¿El himno a Puebla? – Respiraba con brusquedad, pero intentaba relajarse, rápidamente busco la puerta de salida, tal vez había sido víctima de un secuestro y lo habían drogado, eso explicaría las alucinaciones o posiblemente seguía dormido, mientras se dirigía a la salida, golpeo fuertemente su cara, pero el dolor era bastante real, no tuvo ningún efecto.

-Esto no pude estar pasando, ¿Qué demonios hago aquí? – Se estaba volviendo loco, a su mente iban y venían las imágenes de la bestia, lentamente intento toca el pomo, pero no pudo.

- ¡Dios! ¡Dios! ¿Por qué no puedo tomar el pomo? –

Y como si de un vidrio completamente transparente se tratara, le impedía salir, corrió hacia las ventanas, observo por ellas y todo parecía normal, autos en el camino, personas pasando por las calles, incluso en el edificio contiguo podía observar a personas a través de las ventanas, grito con todas sus fuerzas, pero no sucedió nada.

- Esto no está pasando –Se repetía desesperado una y otra vez., cada instante sentía que la respiración lo abandonaba.

De pronto la esfera emitió un rayo multicolor apuntando hacia metro y medio de distancia, dibujando la silueta de una mujer desnuda.

Alberto observo incrédulo y ahora estaba más asustado que nunca, aquel cuerpo femenino era el de una mujer muy joven, no mayor de quince años, estaba inconsciente, el estudiante con timidez se acercó a ella, intento despertarla de manera suave, pero ahora tenía un millón de preguntas merodeando por su cabeza.

Tomo su saco y camisa para cubrirla, mientras suavemente movió su cara para intentar despertarla., ella abrió los ojos lentamente, pero al enfocar sus ojos, la jovencita actuó por reflejo y golpeo con todas sus fuerzas en la cara a Alberto, dejándole enrojecida su mejilla izquierda, ella se levantó cubriendo su cuerpo y su expresión fue de absoluto terror.

- ¡No más! ¡por favor! ¡no más! -

-Tranquila, no voy a hacerte daño – Rápidamente se tomó con fuerza la mejilla lastimada – Fuimos raptados por algo y ahora no.

-Cállate mentiroso, yo solo quiero ir a casa, ¡¡ALGUIEN QUE ME AYUDE!! – Chillo la niña, mientras se movía de un lado a otro.

Nuevamente el rayo empezó a dibujar a otras dos siluetas, ahora eran un par de muchachos, probablemente de la misma edad que Alberto., se miraron el uno al otro y después a los otros dos que estaban con ellos.

- Esto si está muy loco, mira ya hasta estamos en otra habitación, esa cosa que conseguiste fue de la buena – A la vista salía que eran un par de mendigos narcotizados, la mirada de ambos era perdida, la muchacha no aguanto y se dirigió a lo que parecía ser la salida, pero al igual que Alberto, no pudo tocar la manija.

Los nuevos chicos se sentaron en el piso y de su ropa sacaron una bolsa de plástico con color marrón, se recargaron el uno con el otro y se quedaron callados, mientras que el himno a Puebla, se repetía una y otra vez.

Posteriormente se dibujó la silueta de una mujer, pero esta lucía un extraño traje de cuerpo completo muy similar a la goma, además de que en varias partes tenia incrustaciones metálicas.

Tenía un cuerpo delgado y con unos pechos pequeños, de cabello corto y rostro afilado, con ojos penetrantes, los miro a todos y rápidamente abordo a la chica y le dedico una mirada despectiva a Alberto.

- ¿Disculpa quién eres? – Le pregunto el muchacho, pero ella no respondió, y rápidamente se acercó a la muchachita y le dedico una sonrisa.

- Tranquila, ya estas a salvo, ven déjame ayudarte- El rostro de la jovencita se ilumino y se sintió aparentemente más segura –Vamos, te ayudare a limpiarte y vestirte ven.

- ¿Alguno de ustedes les hizo daño? – Observo a los drogadictos que eran más peligrosos para sí mismos, que para alguien más y observo que Alberto estaba en camiseta.

- ¿Fuiste tú?

-No… yo… hace un momento fui atacado por una cosa y…

-Bien., ni se les ocurra acercarse a la habitación y lo matare – Su voz fue muy seca y con un tono macabro.

Alberto se sintió intimidado y se fue a un rincón cerca de la esfera, tomo su saco y camisa del piso, e intento volver a vestirse, y otro haz de luz salió de la mega esfera, dibujando a un señor de mediana edad obeso, también vistiendo el traje de color negro.

Tenía la coronilla completamente pelada, y con algunos cabellos a los lados, de nariz boluda, tenía una evidente papada, pero con una mirada noble, el estudiante de la UP, vacilo y solo se limitó a observarlo, aunque este personaje tampoco dijo una sola palabra.

Rápidamente otra luz multicolor salió, y después dos más, se dibujaron una chica de cabello largo muy ondulado y de rostro aniñado, las otras dos eran de un par de hombres, uno de edad algo avanzada y otro de un chico de lentes y cabello largo.

Todos los de traje se reunieron y empezaron a conversar entre ellos, el más viejo parecía ser quien los lideraba.

-Muy bien, ahora son menos que la vez anterior, o esto va a estar muy fácil o por el contrario nos lo pondrá mucho más difícil, ese niño no creo que dure mucho sin ayuda y los otros dos, si están drogados serán presas fáciles – Dijo el hombre mayor, el cual tenía un rostro severo, de barba prominente de color plata., el tono de su voz era bastante fuerte.

-No es nuestra obligación el protegerlos, no arriesgare la vida por alguien que no conozco – Le debatió la chica de cabellos ondulados – Ya tenemos mucho trabajo cuidando al cuatro ojos.

- ¡Ey! no es mi culpa no tener el mismo instinto asesino que tu loca. – Ambos se clavaron la mirada.

-Debemos de apoyarnos, la unión hace la fuerza, además si es son enemigos muy fuertes, puede que unas manos extras nos ayuden – Opino el viejo obeso bonachón.

-Muy bien, entonces les daré la “bienvenida” y que el ser omnipotente se apiade de sus almas y me refiero a esa cosa – Señalo la esfera.

Guardo silencio y después se puso en medio del cuarto, aclaro un poco la garganta y empezó.

-La situación es la siguiente, estamos jodidos, pero ustedes mucho más que nosotros, esto no es cielo, y en efecto todos los que estamos aquí, ya hemos muerto por lo menos una vez, algunos de formas horribles, otros simplemente por algo de mala suerte, pero este es mi pequeño pedazo de infierno y yo mismo soy el diablo., pero no deben temer, tampoco pedir ayuda al que creen que es su creador, ya que para términos prácticos nada de lo que ven realmente es y no es a la vez, al menos esa es la teoría.

Esta noche vamos a salir a matar “animales”, serán muy feroces, ¿Por qué lo hacemos? No tengo ni la menor puta idea, ¿Moriremos? Es muy probable, tenemos una oportunidad, si ustedes se visten con estos trajes negros como nosotros, su fuerza aumentará, su velocidad será mejor, tendrán gran fuerza y su resistencia será sobre humana, y además podrán utilizar armas muy fuertes para ayudarles a enfrentar a estas “COSAS”, que lo crean o no, me importa una mierda.

Cuando el termino sus palabras la esfera se abrió de ambos costados como su fuera un largo archivero, del cual se veían armas y cajas metálicas, el chico de lentes se acercó a ellas, tomo una y se la dio a Alberto.

-Hola compañero, soy Mario ¿Eres?

-Alberto, pero que demo…

-Esta caja es tuya, ponte el traje, no quiero ser grosero, pero en un momento se iniciarla la transferencia, esta cosa no entra con ropa interior, tienes que estar completamente desnudo, te recomiendo que te la pongas, y disculpa le daré sus trajes a esos que huelen a petate.

El estudiante, no pudo decir nada, ya que Mario hablo tan rápido que no le permitió procesar bien todo lo que estaba pasando, todo parecía tan irreal y las palabras de aquel viejo lo intranquilizaban, ¿Salir a matar?

La melodía orquestada del himno a Puebla, se detuvo dando paso a una imagen en la parte frontal de la enorme esfera, dibujo la foto de un hombre de ojos cálidos y largos cabellos, con una expresión de póker y se presentó un mensaje alfanumérico.

T0D05 U573D35

3574N MU3R70S

4L M3N05 354 35 L4 730R14

V4N 4 54L1R 4 M474R 4 3573 C4BR0N

 

N0MBR3 := 4L13N 53DUC70R

L3 GU5T4 := MUJ3R35

N0 L3 GU5T4N := H0MBR3S

FR453 := ¿35745 S0L4?

Espere por favor…

00:59:57

La caja se abrió al instante y en su interior había otro traje de goma, un impulso lo llevo a quitarse la ropa, su instinto lo alerto que tenía que hacerlo rápido o algo malo podría pasarle, la chica de cabellos ondulados se le quedo mirando y le sonrió mientras lo veía sin nada de ropa, el no alcanzo a darse cuenta.

-Ya inicio- Dijo una voz, todos empezaron a tomar sus armas, mientras el apenas pudo terminar de colocarse el traje, el cual era increíblemente cómodo cuando termino de ensamblarlo, y cuando se dio cuenta su mirada ya estaba en otro lado, el haz de luz lo estaba desdibujando y podía contemplar un lugar montañoso y también árido.

-No puedes irte sin esto – No supo quién le puso cosas en las manos, rápidamente se dio cuenta que estaba muy cerca del Zafarí a las fueras de Puebla, la luna iluminaba su visión, solo para encontrar un montón de cadáveres de animales.

 

El hedor fue tan grande que Alberto tuvo que llevarse las manos a la boca, dejando caer lo que le habían dado antes de que fuera transportado a ese lugar solo se escuchó un pequeño choque metálico al tocar el suelo, los cuerpos de muchas bestias estaban completamente destrozados y sus restos manchaban el piso arenoso, cabezas de animales despezados, algunas osamentas aun cubiertas por  su propia sangre, patas de animales que no reconoció y hocicos desdentados con pellejos colgando de ellos adornaban ese atroz escenario.

- ¿Pero qué mierda ocurrió aquí? – Se preguntó a sí mismo, miro a todos lados y la escena era similar., intento dar un paso y golpeo ligeramente un objeto, se inclinó y pudo contemplaras.

Ambos objetos parecían ser de un metal plastificado, uno era una pistola de apariencia futurista y la otra era un poco común, lucia solo como el mango de una espada sin la hoja, y con un par de botones en la guarda., tomo ambos observo su traje y en sus costados había un par de compartimientos y coloco las armas y encajaron a la perfección.

Empezó a caminar y el olor se hacía cada vez más intenso, la poca luz le impedía ver tener una buena visión, pero a lo lejos vi una edificación, estaba alegrado a la vez que aterrado, se preguntó qué tipo de animal podría hacer tales atrocidades, tal vez leones, no recordaba si había osos en el zafarí, pero al momento recordó a la bestia que lo había atacado.

Se sintió completamente vulnerable, no tenía ni idea de lo que estaba pasando, todo parecía indicar que estaba en un lugar extremadamente hostil, y no pudo sentir más que miedo., ¿Qué ataco a esas bestias? Los cuerpos de los animales eran bastante grandes, y por un instante parecía haber visto el cuerpo de un oso pardo, sintió un vuelco en el corazón, tomo velozmente la pistola y se aferró a ella., y corrió con todas sus fuerzas hacia el edificio.

En otro lado, se encontraba la chica que llego desnuda a la habitación, estaba en posición fetal, llorando aun desconsolada, vestía también el traje negro, solo tenía flashes de lo que le había sucedido momentos antes de llegar a esa habitación.

La imagen de varios hombres haciéndole daño, mientras la tiraban en una zanja, la imposibilitaban para si quiera moverse, pero una voz dulce y varonil le hablaba.

- ¿Estás sola? – Le pregunto, pero ella temblando no respondió y solo abrazo más fuerte sus piernas.

-Creo que te has perdido, tendré que ayudarte, pero vamos déjame ver tu rostro.

Aquella chica, no quería seguir escuchando, se aferró aún más fuerte a sus piernas como si estas le dieran mucha seguridad., pero aquel hombre no ceso en querer llamar su atención.

- ¿Estás sola? – Pregunto de manera insistente una y otra vez., pero la chica ahora empezó a llorar., hasta que llego a un punto de quiebre.

- ¡DEJAME EN PAZ! - Grito de manera desesperada, separando un poco su cabeza de sus piernas y con los ojos cerrados, los abrió por un segundo y pudo verlo.

Era un hombre con unas hermosas facciones en el rostro, de cabello ondulado y nariz afilada, con unos ojos muy profundos y bastante alto, estaba completamente desnudo y parecía desprender un aura brillante, como si fuera una figura celestial., al verlo la chica quedo completamente pasmada y encantada por aquel muchacho., este empezó a sonreírle dulcemente y se acercó a ella arrodillándose.

Ella se puso completamente nerviosa, jamás había visto a alguien así, sus ojos eran hipnotizantes, y olvido por ese momento las aflicciones que ella tenía, suavemente dejo la postura en la que estaba para mirarlo fijamente a los ojos.

-No debes de preocuparte, ya no volverás a estar sola – Se acercó a ella y la beso de manera brusca en la boca, ella abrió grandes los ojos, pero su cuerpo no le respondía, lentamente cerro los ojos dejándose atrapar por ese instante que sintió extrañamente placentero y muy enervante., pero algo no andaba muy bien, al momento, sintió que este chico la estaba tocando, pero de forma muy extraña, eran como pequeños pellizcos en todo el cuerpo, abrió los ojos de golpe, aquel hombre se deformo de tal manera que ahora podía ver cómo le estaba mordiendo la boca, con unos colmillos enormes y no solo eso, en todo su cuerpo había bocas de diversos tamaños, intentando morderla, no sentía dolor por esto, pero estaba atrapada.

- ¿Pero ¿qué? ¿Por qué no puedo? – Se preguntó completamente enfadado con una voz grotesca.

- ¿Por qué no sangras? Maldita sea ¿por qué? - Abrió muy grande la boca para el horror de la chica, pudo ver unas enormes fauces y miles de dientes dentro de esa boca, la cosa empezó a intentar tragársela, ella solo pudo mover las piernas, su estrés subió a su máximo nivel.

Apretó fuertemente sus puños y una enorme fuerza la invadió, sus músculos se engrosaron, sus brazos aumentaron de tamaño denotando sus nervios de los brazos separando las fauces que la aprisionaba.

- ¿Pero qué haces maldita puta?

Ambos estaban presionando con fuerza, el cuerpo del hombre ya no existía, solo parecía un gran cumulo de masa carnosa, de la cual se desprendían muchas bocas, pero con la más grande intentando devorar a la chica.

Ella empezó a gritar, lo cual llamo la atención de Alberto que se encontraba muy cerca, aquel grito le erizo el cuerpo, su ansiedad aumento a un grado máximo al escuchar ese estruendoso y desesperado grito, se detuvo por un momento, quería irse de ahí, pero no había donde correr, inhalo profundamente, acallo su corazón contuvo la respiración y corrió hacia donde había escuchado ese grito, mientras lo observo a una manada de animales que se alejaba rápidamente de algo enorme que parecía moverse hacia ellos., corrió con todas sus fuerzas y su velocidad aumento se acercaba más y más con cada grito desesperado que escuchaba.

- ¡Alguien que me ayude! ¡POR FAVOR! – La chica comenzó a llorar al sentir como lentamente estaba perdiendo fuerzas y en ese instante Alberto llego para ver la horrorosa escena, muchos cadáveres estaban regados igualmente por la zona edificada, y en medio una masa de carne con boca, intentaba comerse a la chica que había visto desnuda hace unos cuantos minutos.

No dijo nada, saco el arma, apunto jalo uno de los gatillos de la pistola, pero no pasó nada, lo hizo una y otra vez, pero nada paso.

- ¡Ayúdame! ¡Por favor! ¡Ayúdame! ¡NO QUIERO MORIR! - Alberto se sintió completamente frustrado, aquella chica iba a ser devorada por esa cosa, se vio a si mismo pidiéndole ayuda a Marín, sintió un enorme vacío en su estómago y una ira incontrolable lo invadió.

- ¡No voy a dejar que te la comas! – Corrió hacia ellos, lo hizo con todas las fuerzas que tenía, dándole una tacleada a la masa de carne, el impacto fue brutal, los ojos del muchacho denotaban desesperación y mucho coraje, el golpe se escuchó seco, y algo sorprendente sucedió, la cosa salió volando por los aires liberando a la chica, la cual termino en el suelo.

El estudiante se puso frente a la chica, mientras ella poco a poco se incorporó, un fluido azul empezó a salir de los capacitores metálicos, parecía como si sangrara de todo el cuerpo, pero ella no se quejaba de ningún dolor.

La cosa, también se incorporó, empezó a implotarse hasta tomar nuevamente la forma del hombre desnudo.

-Vaya, vaya., así que tienes amigos, muy bien, mas carne para mí-

Empezó a correr a una gran velocidad y golpeo en el estómago a Alberto, este se inmuto un poco, pero aun sentía esa ira descomunal, la bestia que lo había matado, era parecida a lo que estaba enfrentando, pero a diferencia de esa ocasión, él estaba más listo.

- Pero… ¿qué? Son… ¿Esos trajes negros? – Gruño el hombre desnudo, pero no le dio tiempo de reaccionar, Alberto le propino un poderoso puñetazo en la cara, destrozándole la nariz y arrancándole varios dientes, este ser empezó a chillar de dolor., se tomó lo que le quedaba de cara y empezó a correr para huir.

- ¿A dónde crees que vas? – El joven lo empezó a seguir, pero este se lanzó a un montículo de carne, y empezó a devorar a todo lo que podía, aumentando rápidamente de masa corporal, hasta hacerse del doble de tamaño del que antes había tenido, una masa de tres metros de alto y cinco de largo., con un apéndice tomo el cuerpo de un animal y se lo arrojo a Alberto, este rápidamente se hizo a un lado para evitar el impacto.

-Vas a morir maldito, lastimaste mi cuerpo, ahora me será imposible engañar a mas humanos., lo pagaras muy caro – La vos bestial se hizo presente con esas palabras, parecía como si se ahogara al pronunciar las palabras.

- ¡USALA LA ESPADA MALDITA SEA! ¡PRESIONA EL BOTON DE LA DERECHA! -

Se escuchó un grito de alguna parte, Alberto se dio cuenta que aún tenía el mango de esa famosa espada, lo tomo y presiono el botón, velozmente salió una hoja que la hacía parece una catana, el jamás en su vida había tenido un arma similar., pero algo estaba claro, la usaría para defenderse, presiono una vez más y el tamaño de su hoja se duplico, la tomo con ambas manos e hizo un ataque circular cortando por a la masa de carne por la mitad, la sangre empezó a manchar todo a su al redor, estaba tan afilada que en ningún momento tuvo resistencia para cortar esa cosa como si su composición fuera de margarina.

-Esto… no debía pasa… no debía…- Mientras la sangre escapaba de su cuerpo, la masa se secó poco a poco, hasta quedar completamente marchita, las manos del muchacho temblaban, y se sentía muy tembloroso, la muchachita se acercó tímidamente.

-E… Estas… ¿Bien? - Pudo observar como Alberto estaba completamente perturbado, y temblaba, lentamente empezó a calmarse, su cuerpo estaba empapado de la sangre de esa cosa.

-Si… No te preocupes… ya… estas a salvo – Mascullo débilmente, mientras trataba de recomponerse.

-Sorprendente, no creí que pudieran acabar con una de esas cosas… es sorprendente ¿No crees Sofía? – Se acercó Mario hacia ellos, el peculiar chico de lentes que había visto en la habitación, lo acompañaba esa chica de cabello corto.

Mario se le quedo mirando a la muchachita, le sonrió, pero esta se escondió detrás de Alberto.

-Bueno, va siendo hora de que nos reunamos con los demás, el jefe saldrá en cualquier momento – Hablo Sofía, y cuando observo detenidamente a la otra chica, se horrorizo.

-Oh no, Paola tu traje está roto… maldita sea., estas cosas no son tan fuertes-

- ¿A qué te refieres con que no son tan fuertes? Esa cosa casi se come a esta chica- dijo Alberto alarmado, por las palabras de Sofía, ya que parecía que no le estaba dando mucho valor a eso que los ataco.

-Ah, sí cállate, no sabes nada niñito, esas cosas no son fuertes, pero son peligrosas, mientras tu matabas a una, el cuatro ojos y yo matamos cinco, la verdad no fue la gran cosa, así que cierra la boca, por otro lado la niña esta sin la protección del traje, seguramente morirá si la dejamos sola, lo malo de la esfera es que no siempre nos transporta juntos, como a esos tipos drogados, terminaron muertos justo en el instante que fueron transferidos, lastima, pero eran una carga, no quisieron ponerse el traje, es una suerte que tu si, también creí que morirías a los pocos segundos.

Alberto torció sus labios y se cruzó de brazos, esa chica parecía demasiado petulante y despreciable, además de que obviamente tenía más experiencia., él no sabía nada, así que solo se limitó a escuchar.

-Bueno Mario, vas a tener que hacer de guarda espaldas junto con… ¿Tu nombre es Alberto verdad? Bueno junto con este chico para proteger a Paola.

El cuatro ojos afirmo con la cabeza, y se acercó a Paola.

-Déjame revisar tu traje, ¿Si? Solo es para ver si no tienes algo roto – Saco un dispositivo con una pantalla y empezó a revisarla de pies a cabeza, comprobó que no tenía nada malo, salvo que el traje estaba arruinado.

-Pareces saber mucho de esto… Sofía., Podrías explicarme ¿Qué demonios está pasando aquí?

-No hay mucho que decir, salvo que esas cosas son extraterrestres, tenemos que matarlos porque si no la esfera nos explota la cabeza con una bomba que sutilmente nos insertó en el cerebro, no se las razones, pero tengo ganas de vivir, así que hazme caso en lo que digo y todo estará bien, si quieres irte por tu cuenta, por mi está bien, aunque tus probabilidades de sobrevivir se reducen casi a cero., vamos.

Alberto no puso objeción a aquellas palabras, tomo la pistola del suelo y empezaron a caminar, siguiendo un dispositivo que parecía una especie de sonar.

El estudiante se acercó con Mario y rápidamente intento ser más amistoso con él, parecían de la misma edad.

-Mario… - dudo – Hace un momento dispare con esa pistola, pero no sucedió nada, ¿Se les olvido poner las municiones? Aunque no veo por donde podrían entrar – El muchacho de lentes sonrió.

-No es que le falten municiones, mira esta cosa funciona así, el gatillo de arriba es para fijar el objetivo, pero el segundo detona la carga, haz de cuenta que hace que los cuerpos exploten de adentro hacia afuera, no sé cómo lo hace, pero así funciona, mantengo la teoría de que arroja una especie de bombas microscópicas, que se incrustan en el cuerpo y después el otro gatillo hace que exploten en masa, es una tecnología avanzadísima, nada en la Tierra tiene tal poder –

Mario se emocionó muchísimo al hablar de esas cosas, un brillo inusual se podía ver en sus ojos.

- ¿Pero qué demonios? –Exclamo Sofía – ¡Todos! prepa…- No termino de decir esa frase cuando la tierra debajo de ellos exploto mandándolos a volar.

Se escuchó un rugido que estremeció todo a su alrededor, unas aves que estaban cerca volaron despavoridas lejos de ese lugar.

-Malditos humanos, han matado a muchos de mis hijos deben morir- El estruendo levanto una cortina de arena, que poco a poco se disipo mostrando a la bestialidad encarnada, un enorme gusano carnoso y con muchas bocas en su cuerpo se presentó ante ellos.

-Oh no, protejan a la niña- Sofía quien llevaba un arma más grande que parecida a un rifle empezó a dispararle, mientras que Alberto y compañía se incorporaban, pero en esta ocasión Paola si había resultado herida, la explosión la afecto tanto que se había desmallado, tenía severos golpes por todo el cuerpo y algunos estaban sangrando.

-No, no... ¡mierda! – Exclamo Mario, mientras iba a atenderla, con el mismo traje, empezó a presionar algunas partes para evitar que le diera una hemorragia – Ayuda a Sofía, yo atenderé a la chica.

Pero no termino de decir sus últimas palabras cuando una masa de carne le arranco la pierna izquierda, el chico aulló de dolor, su traje empezó a sangrar azul como el de Paola., sus lamentos eran desgarradores.

-Mi pierna, maldición mi pierna…- Alberto al instante tomo su catana y rebano a esa boca – Tienen que acabar con esa cosa Al… por favor, si la matan regresaremos, todos regresaremos y seremos como antes.

- ¿Qué? Te refieres a que… ¿podremos irnos?

-Sí, mátala… por favor mátala – Alargo sus últimas palabras por el dolor brutal que sentía al desangrarse.

Alberto sintió que el mundo se le venía encima, pero tenía que intentarlo, su ansiedad estaba a punto de apoderarse de él, pero no quería morir.

 


Alberto se sintió muy abatido por todo lo que estaba sucediendo, pero debía apoyar a Sofía, tomo los cuerpos de Mario y Paola para alejarlos un poco del peligro, la fuerza inimaginable volvía hacia él, permitiéndole llevar esa carga, mientras los escondía entre los árboles, a lo lejos vio una batalla similar, no tenía tiempo que perder, debía ayudar a su compañera.

Mario se retorcía del dolor, Paola estaba muy lastimada y el seguía en pie, como siempre, resistiendo hasta el final, pero en esta ocasión, nuevamente le había pedido ayuda, y a pesar de todo su miedo y ansiedad se los trago y regreso al campo de batalla.

Sofía estaba defendiéndose con uñas y dientes, disparando y esquivando los apéndices que el gusano le lanzaba, además de las embestiditas de las bocas  que se desprendía de su cuerpo.

Una la sorprendió por detrás, cerró los ojos para aminorar el impacto, pero nada paso.

-Vamos, tenemos que acabar con esa cosa ¿Qué tengo que hacer?

-El nuevo volvió, ¡Oh mi salvador! Dispara, y corta a todo lo que se mueva, ¡YA!

Ambos afirmaron con la cabeza y la guerra inicio, Alberto tomo su arma pequeña y empezó a disparar a diestra y siniestra a los cúmulos de carne, tomando la instrucción de Mario presiono ambos gatillo y segundos después de que lo hacía, partes de esa cosa explotaban, funcionaba todo lo que le dijo era verdad, poco a poco empezaron a a mermar las fuerzas del gusano, Sofía disparaba con el rifle a parte alta mientras que Alberto destruía las masas de carne con bocas que les arrojaba.

Sofía marco varios sitos vulnerables con el primer gatillo y al instante todos explotaron colapsando a la bestia, esta empezó desmoronarse poco a poco, se escuchó un doloroso crujir de huesos y cartílagos, mientras le salían chorros de sangre por todos lados., chillo por última vez y esta cosa se derrumbó.

El enorme gusano termino en el suelo y tal como su hijo empezó a marchitarse poco a poco, ambos se sintieron aliviados, estaban empapados de la sangre de esa cosa.

-Debo reconocerlo, no eres tan inútil como lo había pensado, la transferencia iniciara en unos momentos – Dijo Sofía con una voz algo arrogante pero benévola.

-Supongo que eso es una especie de alago, gracias supongo – Ambos empezaron a reír, pero algo no estaba bien.

 

-Esto, no está bien… la transferencia aun no inicia, pero si ya matamos esa cosa, maldita sea número ocho, ¿Qué más quieres? –

-Sofía cuidado detrás de ti – Grito Alberto, pero demasiado tarde.

-Pero que demo… - Una mujer desnuda con un brillo celestial introdujo por su espalda su brazo atravesándole el estómago, para después arrojara al piso.

- ¿Continuamos?

Rápidamente la mujer empezó a correr iluminando todo a su alrededor

- ¡SOFIA! – Grito Alberto intentando dispararle, pero se movía tan rápido que no alcanzaba a atinarle.

Era tan veloz que en un instante quedaron frente a frente, y ella le sonrió, él se perdió unos segundos en sus hermosos ojos azules, esa aura reflejaba paz, su cerebro empezaba a nublarse, lo tomo de las mejillas y lo atrajo hacia ella, Alberto no podía moverse, se resistía lentamente ella empezó a abrir la boca, haciéndose cada vez más y más grande.

Se escuchó un disparo y si brazo empezó a hincharse hasta que exploto., el influjo se rompió y Alberto se liberó de ese mortal abrazo.

-Maldita perra – Dijo Sofía y después se desvaneció, tirando su arma a un lado.

-Solo tengo que comer más para recuperar ese brazo, y así que…

Intento enterrarle el brazo en el estómago como a Sofía, así que golpeo con la mano extendida a Alberto, pero solo logro lanzarlo más lejos de ella.

-Ya veo, tus defensas son mayores a las de la chica, bien, no vas a aguantar otro golpe., empezó a correr.

El estudiante se levantó al instante, apunto hacia ella nuevamente y disparo frenéticamente sin obtener una buena vista, la mujer esquivo todos sus ataques, hasta que volvió a tenerlo lo suficientemente cerca, volvió a verlo a los ojos pero en esta ocasión el los cerro para así dar un ataque al aire el cual ella esquivo sin dificultar respondió con otro golpe igual de fuerte el cual lo mando por los aires, no tuvo ningún control al caer, el golpazo en la arena fue bastante fuerte, el sistema de amortiguadores del traje produjo una exhalación de vapor en sus piernas, observo hacia la cosa levantándose rápidamente para al final ambos corrieran uno contra el otro, y al impactar ella clavo su brazo en el estómago de Alberto, el dolor era impresionante, dejo una mancha en el suelo, sintió como todo en su interior empezaba a colapsar.

-Los humanos son muy frágiles, por eso es tan fácil depredarlos, no importa con que armas nos ataquen, siempre sucumbirán a…-

-Hablas demasiado – Alberto la tomo del cuello activando la poca fuerza que le quedaba, tomo el mango de la catana y al instante desplego la hoja enterrándosela también en el estómago, intento liberarse con el brazo que le quedaba, pero fue imposible, él la partió en dos con todas sus fuerzas, liberando a su estómago cayendo al piso para mirar la negrura el cielo celeste una vez más., había llegado a su límite.,

-La transferencia, ¡Estamos salvados! – Grito alguien a lo lejos., parpadeo por un momento y al abrir los ojos nuevamente estaba en aquella sala de ese departamento, sin ninguna herida y con su traje completo, casi todos estaban frente a la esfera, el más viejo pidió atención.

-Número ocho va a dar nuestros puntajes, pongan atención.

Felicitaciones a los que no murieron

Es hora de repartir los puntos

Cantinero (Adolfo)

Pts. 10

Total: 45

55 más y acabaras

“El andar de putas es tuyo ¿verdad?”


Se dibujó una caricatura de Adolfo en la pantalla, con la descripción de los puntos que había obtenido y así de cuantos le faltaban para acabar, Alberto no estaba entendiendo nada, pero cambio a otra imagen.

La niñera (Sofia)

Pts. 4

Total: 30

70 más y acabaras

“Qué manera de mover el culo, te crees mucho o ¿Qué?”


-Estúpida bola, yo soy mucho. – Movió los ojos hacia atrás de manera exagerada y después se recargo en la pared, la imagen de la bola cambio de nuevo.

El bodrio de líder (Orlando)

Pts. 0

Total: 85

15 más y acabaras.

“¿No entiendes que el cantinero manda?”

Fastidiado, Orlando solo movió la cabeza en forma negativa.

Otaku (Mario)

Pts. 0

Total: 18

82 más y acabaras

“Deja de acosar a la niña, dispárale a más aliens”

Mario se ruborizo, Paola lo vio y después su cara cambio a una de temor, Sofía le hizo un gesto de que no tenia de que preocuparse, rápidamente le clavo los ojos al cuatro ojos y le lanzó una advertencia.

-Yo no hice nada, solo la estaba cuidando, estaba mal herida… - El otaku no sabía cómo defenderse.

-Mejor cállate Mario, ¿sí? – Le recrimino Sofía y la pantalla cambio.

 

La sádica (Mónica)

Pts. 3

Total: 23

72 más y acabaras

“Me das Miedo”

  

La chica llamada Mónica puso un gesto algo perturbador, entre risa e ira, posteriormente volteo a ver a Alberto y este se encogió de hombros, ya solo quedaba un par de puntuaciones

Niña (Paola)

Pts. 0

Total: 0

Te faltan 100

“¡¡¡Pero qué Asco!!! Besaste a un Gusano ¿no sabes que te debes besar

con esas cosas?”


-No te tomes a pecho lo que dice la esfera Paola… solo le gusta molestar.

-Está bien…- Dijo tímidamente la niña.

La esfera paso rápidamente a la última persona que tendría que ver su puntaje.

Betochu LOL (Alberto)

Pts. 5

Total: 5

95 más y acabaras.

“Casi te mueres”

Alberto miro sus estadísticas, sin comprender mucho de lo que se trataba, se sorprendió al ver que había obtenido más putos que algunos, pero no sabía ni que significaba y menos para que servían., antes de que pudiera decir nada, todos se retiraron de la sala, las chicas ocuparon uno de los cuartos y los demás empezaron a quitarse la ropa y cambiarse en el pasillo.

-Oigan ¿Qué paso? ¿Por qué no estoy muerto? - Adolfo se le quedo mirando y le dijo a Orlando.

-Explícale, yo tengo un encargo que hacer… - No dijo nada y en cuanto tuvo los pantalones puestos, metió el traje en una mochila y se fue, cambiándose mientras caminaba.

-Hola muchacho, sé que todo esto puede ser muy confuso para alguien como tú, tenías una buena vida, tuviste un accidente o alguien te mato, la verdad es que no importa, solo quiero decir que, esa esfera nos revivió para matar aliens, y cada vez que terminamos una misión, no importa que tan mal estemos, la esfera nos transporta y sana nuestros cuerpos completo y al final nos deja salir del departamento, y nos avisa por medio de unos pitidos en nuestro cerebro, cuando será la próxima misión, pueden ser días, semanas y algunas veces meses, lo importante es que estés alerta, sé que todo puede sonar súper loco, pero hay aliens en todas partes, algunos suelen ser buenos pero la gran mayoría no, sino les molestamos ellos tampoco a nosotros, pero cuando entramos a esto, la mayoría son hostiles, así que puedes darme tu número de teléfono para que estemos en contacto, a veces nos reunimos para practicar y evitar el número de bajas.

-Es demasiado para procesa, ¿esta cosa tiene el poder de revivir personas? ¿Aliens en todos lados? Dios mío…, aun ni siquiera creo lo que paso esta noche, estuve a punto de morir, pero siempre no… Maldita sea, ¿Por qué a mí? – Se preguntó Alberto.

-No lo pienses tanto hijo, a veces solo hay que aceptar nuestras vidas, te vimos mientras enfrentabas a esa cosa, te fue bien, solo trata de sobrellevar esta situación, y juntos saldremos adelante.

Orlando era un señor de mediana edad, lucia como aquel amigo sabio, tal vez un tío o un padre en el que puedes confiar, tenía algo de barriga y estaba calvo de la coronilla, le explico con detalle todas sus preguntas, en su limitado conocimiento., Mario también se unió a la conversación, y cuando terminaron Alberto se quedó un rato solo en el departamento.

Cuando se sintió mucho más tranquilo, se dispuso a ir a su casa, la sobre carga de información lo atormento, al salir, Mario lo estaba esperando.

-Hey colega, no hay porque abrumarse tanto, estuviste fantástico, yo creo que si entrenas llegaras a ser un gran cazador, yo trato de hacerlo, pero no con mucho entusiasmo para no opacar a nadie.

-Lo tomas de una manera muy amena… no creo que sea como para alegrarse, hace unas horas, casi morimos, esa cosa te quito una pierna como si fuera mantequilla y le atravesó el estómago a Sofía y a mí, aun no entiendo cómo es que estamos vivos.

-Shhh, baja la voz – sugirió Mario, mientras se dirigían a la parada de autobuses – Mira, sé que es algo jodido, pero creo que tomarlo así es mejor que deprimirme, he estado en un par de misiones, sé que doy asco, pero trato de seguir adelante cuando juntas cien puntos algo fantástico pasa, no me han dicho demasiado, pero igual es una manera de salir de ahí, ¿Qué se yo? Y me estoy esforzando por eso, al final Adolfo es quien da los tiros de gracia, pero en algunas ocasiones, logro acabar con ellos antes de que me maten, Al… te ayudare y al mismo tiempo tu a mí.

Era cierto, si Mario no le hubiera explicado cómo funcionaba la pistola, tal vez no habrían derrotado al gusano en su primera fase.

-Hablando de eso, ¿Fuiste tú quien me sugirió que utilizara la espada?

- ¿Cuándo?

-Hace unas horas… ¿No fuiste tú?

-Lo siento Al., no recuerdo haberte dicho nada, quien te dio la espada fue Adolfo, tal vez él estaba cerca, es quien mejor la puede blandir.

-Quizá así fue, gracias Mario, intentare apoyarte, lo prometo.

-Gracias amigo, aunque sea duro, saldremos de esta.

Se fueron en el camión., cada uno por su lado llego a su casa., Alberto llego a su pensión, se metió y no había ni un alma, solo pudo arrojarse en la cama y perderse por el cansancio para enfrentar un nuevo día.

Fin del tomo 1