LA FUENTE DE LOS ENAMORADOS
Un muchachito de unos 16
años, se encontraba en una casona en una zona cercana a los hospitales, junto a
su compañera de bachillerato llamada Ivonne.
Ambos contemplaba perplejos
la hermosura de una fuente de piedra, en medio de del patio interior de la
enorme casa, la cual en antaño había sido construida por motivos del cumpleaños
de la hija mayor de una acaudalada familia, mimada y consentida prácticamente en
todo, se había convertido en lo más preciado para ambos padres de la Peña.
Los jóvenes curioseando
fueron a sentarse en los bordes de la fuente, admirando un lirio negro que crecía
de los adoquines agrietados del piso que rodeaba a la fuente, era increíble que
estas flores se abrieran paso desde la tierra hasta la superficie del concreto.
-No puedo creer que sea
posible que estas flores crezca desde abajo. Incluso sobre los adoquines,
seguramente debajo debe de existir un complejo mecanismo de construcción, ¿Por
qué florecen?
-Es una muestra de que algo
hermoso siempre puede sobrepasar los impedimentos del hombre, ¿Sabes? – Dijo el
muchacho, a la vista de impresionada de su compañera – Muchas veces las
limitaciones, son las que nosotros las personas nos ponemos, ya que si creemos
que es imposible, queda como una regla rígida, pero a la naturaleza le importa
muy poco lo que nosotros creamos posible o no.
-Pareces saber mucho,
¿Quieres contarme si esto tiene una explicación ilógica? – Ambos empezamos a reír.
-Con mucho gusto, veras esa
fuente tiene más de un siglo de antigüedad, data de los tiempos de la
revolución, en aquella época se llevaban a los jóvenes para pelear contra el
gobierno opresor, este era un pueblo aún más pequeño de lo que podrías pensar, y
esta casa se distinguía de entre todas por ser la más rica y prospera, el padre
de doña Chepina era apenas un niño de pecho cuando esta historia sucedió y su
padre el señor de la Peña mando construirla como la más ostentosa de todas.
Su hija doña Marcela de la Peña,
la señorita más bella de todas las doncellas casaderas del pueblo, estaba
enamorada de un jovenzuelo pobre y si bien dicen que no era muy guapo y en
galardonado con unas cejas muy pobladas, tenía muy buenos sentimientos además de
ser muy trabajador, fue miembro de la arruinada familia de los Vargas, su padre
no aprobaba esa relación, así que mantenía vigilada a su hija para que no
pudiera verse con el joven, pero el amor tan incandescente de ambos no podía
ser frenado por una prohibición tan mundana, así que se mandaban cartas
escondidas entre los panes que el muchacho preparaba para vender, siempre le
encargaba a una de las sirvientas amiga de su madre, que le ayudara haciéndole
llegar sus cartas en el desayuno a la hija del patrón.
Mientras que doña Marcela de la
Peña, le enviaba sus respuestas a través de los libros de la librería a un lado
de la panadería de la madre del muchacho., ya que ahí se había conocido una
tarde de domingo, después de asistir a la iglesia, doña Marcela quien era
letrada y muy raro para su época, gustaba de ir a la pequeña biblioteca que había
sido de su abuelo, ya que era de origen español y a través de sus años y
aventuras, junto una colección de libros raros en español y latín.
El joven siempre estaba pendiente
desde lejos, cuando doña Marcela entraba en ese viejo edificio dedicado a los
libros de su abuelo., desde que se vieron por primera vez a los ojos, la pasión
se desencadeno intensamente en su interior, la señorita vio a un joven
ofreciendo sus panes y sonriendo a todo el mundo, parecía el más fino de los
caballero a pesar de sus humildes ropas, que si bien no tenían pinta de ser
nuevas, estaban pulcramente limpias, hacia una pequeña reverencia y con una
bandejita de cobre, ofrecía un poco de pan para que el público tomara una porción,
y esta decidiera a comprarse o no, una estrategia novedosa y tal vez adelantada
a su tiempo.
Lo que más llamo la atención de
doña Marcela, fue ver que unos niños mucho más humildes que él, se acercaban tímidos
a pedir un poco de pan, y el muchacho como si se tratase de los clientes más
distinguidos, cubrió su bandeja con un pañuelo y al quitarlo había una hogaza
completa para los niños., a la señorita le pareció el gesto más noble que había
visto en toda su vida, el humilde compartiendo con alguien más humilde aun, una
vez que los niños tomaron el pan se fueron a repartirlo entre más niños, un
trocito amedrentaría el hambre por esa ocasión.
Se incorporó y volvió a ofrecer
su pan, hasta que ella se acercó, y ambos se vieron a los ojos, una corriente eléctrica
recorrió su espina al ver a la delicada joven, quien pedía un pedazo de pan,
porque deseaba probarlo, ambos sonrieron, y ambos se atrajeron, llevándolos al
punto del enamoramiento, y del enamoramiento al más puro y sincero amor.
Así mantenían un apasionado y
prohibido romance, que crecía con el paso de los días, hasta que el jovenzuelo
le propuso a doña Marcela que se escaparan juntos, a donde nadie más pudiera
volver a verlos ya que el señor de la Peña, jamás lo aceptaría como alguien
digno de su hija, ambos trazaron el día y la hora en el que juntos se fugarían
para no volver a verlos nunca.
Pero… a veces el destino es cruel,
puesto que un día, el padre de doña Marcela, intervino el pan que la sirvienta
le llevaba todos los días a la niña de la casa y esta trato por todos los
medios para persuadirlo de comerse esos panes, pero el patrón no cedió, hasta
que probó uno de los panes, donde venía una de las cartas.
En viejo enfureció como una
bestia, regaño a su hija, golpeándola con la mano hasta dejarla toda tullida,
confronto al muchacho y le exijo que se alejara de su hija o esto lo pagar muy
caro, el amor entre ellos era tan grande, que no lo hizo, nunca desistió de
querer ver a su amada.
Se cuenta que fue un martes trece
el día que la revolución alcanzo a este pueblo, y por azares del destino, el
joven fue tomado a la fuerza para luchar y amarrado en las cuerdas, cuando doña
Marcela se enteró, suplico a su padre que lo ayudara y que no volvería a verlo
yéndose a estudiar a la capital, pero aquel hombre necio y enardecido de ira,
no escucho a su hija.
Doña Marcela fue a llorar a su
habitación, pensando que no volvería a ver a su amado, pasaron los días y las
noches, ella tenía la esperanza de volver a verlo, hasta que un día escucho su
nombre llamándola a todo pulmón.
“Doña
Marcela”
Ella reacciono rápido a su
llamado, y salió corriendo, bajo las escaleras y se vieron frente a la fuente
una vez más, ambos se abrazaron.
El muchacho se había escapado del
regimiento, nadie sabe cómo pudo hacerlo, unos dicen que fue el poder de su
amor, soporto malos tratos, y algunos dicen que torturas, pero el no paro hasta
que se encontraran al frente de esta fuente y una vez que se reconocieron se
fundieron en un beso apasionado, su último beso...
El padre de la muchacha furioso
al escuchar nuevamente esa voz hosca y desesperada, sacó su pistola para dirigirse a la entrada de su casa al verlo
de espaldas abrazando a su hija, disparo al muchacho, pero su hija al verlo de
frente giro rápidamente para recibir el impacto, él la abrazo fuertemente después
de ver la ira y el horror reflejados en ese rostro del padre de su amada, y
lloro mientras veía como se desvanecía, pero en una ironía el destino junto a
los enamorados, apareciendo uno de los guerrilleros que lo perseguían, disparándole
en cuanto lo vio desprevenido, jamás se había sentido más aliviado al sentir el
caliente impacto de esa bala mortífera, su rostro no reflejaba dolor sino la
promesa de reunirse con su amada en la eternidad., frente a la fuente, la
fuente de los enamorados.
Los ojos de Ivonne estaban muy
cristalinos, mientras terminaba de escuchar mi relato.
-¿Por qué sabes esa historia? –
Pregunto incrédula, mientras se enjuagaba sus lágrimas., tome uno de mis pañuelos,
y le ayude a secarlas.
-Esa es una historia que me contó mi abuelo cuando yo era niño., es la historia de nuestra familia., la que vivió
mi tío bisabuelo, por eso me llamo como él.
-¿De verdad?- Ella abrió los ojos
como unos enormes platos.
-¡Sí!- Sonreí mientras nos mirábamos
a los ojos, y por un instante sentí, una corriente eléctrica por mi espalda, al
admirar los labios de mi amiga Ivonne, tal vez fue como se sintió mi tío, tal vez...
Relato de la historia
Falsas Esperanzas
Adrián V.